Arabia Saudita anunció ayer que detenía sus ataques aéreos en Yemen pues los objetivos habían sido conseguidos. Pocas horas después los bombardeos se reanudaron. La estrategia en realidad nunca fue detener del todo esos bombardeos sino solo empezar a abrir alguna puerta a negociaciones paralelas. El problema es que los barcos iraníes siguen ahí, en los mares colindantes entre Omán y Yemen, supuestamente para seguir abasteciendo a las fuerzas rebeldes houthis. Esto ocurre a pesar del bloqueo impuesto en esos mares por parte de los saudíes en conjunto con Egipto y Emiratos Árabes Unidos. Es decir, pareciera que en el conflicto de Yemen, el nombre del juego es detener a toda costa la amenaza percibida: el imparable avance iraní. Hay quienes advierten los riesgos de poner demasiado énfasis en el conflicto sectario entre sunitas y chiítas que se desarrolla en Medio Oriente, y es verdad que en un caso como Yemen, queda claro que reducirlo todo a la rivalidad entre sectas del Islam es sobresimplificar algo mucho más complejo. Como sea, hay dos realidades: Una, a Irán -potencia chiíta- las cosas parecen estarle funcionando bastante bien últimamente, y su posición está resultando fortalecida tras una sucesión de coyunturas favorables, y la segunda: hay una gran cantidad de potencias sunitas dispuestas a hacer todo para evitar que eso siga así. En medio de esas dos realidades, lamentablemente, se ubica Yemen, el laboratorio perfecto, porque Yemen no solo es el lugar en donde los saudíes pretenden limitar a Teherán. Yemen es también el espacio perfecto para reventar el acercamiento y -hasta podríamos decir, la buena relación- que se estaba generando entre la Casa Blanca e Irán. Hoy en el blog explicamos por qué.
Los subproductos del acuerdo nuclear entre Irán y potencias
Más allá de la posibilidad real o percibida de que Irán podría darle la vuelta a los acuerdos que habrá de firmar con Estados Unidos y otras potencias, y de que por tanto, eventualmente podría armar una bomba atómica, hay una cuestión mucho más inmediata: los resultados de las negociaciones nucleares se van a sumar a otras coyunturas paralelas que terminan robusteciendo la posición iraní en la región.
1. Si se firma un acuerdo final y definitivo en los próximos meses, las sanciones que una gran cantidad de países imponen sobre Irán serán levantadas, con lo que se espera un importante repunte en la economía de esa nación. El correlato de esto es que habrá más recursos para armas -aunque estas sean convencionales, pues al final las guerras se pelean con esas, y no con bombas atómicas- así como para apoyar a actores locales -chiítas como Hezbollah. o sunitas como Hamás; en estos temas la rivalidad sectaria no siempre es lo definitorio- y por tanto, mayor potencial para generar inestabilidad en los sitios donde Irán lo desee.
2. El programa nuclear iraní será finalmente legitimado, aunque con importantes límites, a través de la formalidad de los acuerdos, con lo que su aislamiento diplomático parece llegar a su fin.
3. Se establece un importante canal de comunicación entre Teherán y Washington, además de una notable cercanía, a pesar de los muchos temas que enfrentan a estas dos potencias, con lo que la Casa Blanca teóricamente podría dejarse de preocupar por la cuestión iraní para ahora voltear hacia otras regiones y conflictos en el mundo como Ucrania, o Asia, en donde su atención le es prioritaria.
1. Desde el inicio del combate a ISIS por parte de Estados Unidos y otras potencias, dejamos muy claro en este blog que dicho combate era inviable si Obama pretendía hacerlo como lo planteaba. Que la "degradación" del "Estado Islámico", si acaso, podría materializarse únicamente con el apoyo político y militar por parte de Irán. Hoy lo podemos plantear con absoluta claridad: La relación de cercanía que se viene forjando entre Washington y Teherán permite esta colaboración de facto -aunque no sea reconocida- tanto en Irak como en Siria.
2. En Irak ISIS ha podido ser contenido, y en algunos casos, replegado. Esto es en parte gracias a las milicias kurdas, esas sí oficialmente apoyadas por Washington. Pero esa es la parte menor. La mayoría de las victorias que se han conseguido en contra del "Estado Islámico" -incluida la importantísima recaptura de la ciudad de Tikrit- se han dado gracias a la participación de las milicias chiítas armadas y financiadas por Irán, apoyadas por personal iraní de élite. De manera paralela, EU se ha mantenido bombardeando las posiciones de ISIS, facilitando el trabajo, aunque no lo quieran reconocer o aceptar, a dichas milicias chiítas, que le combaten por tierra.
3. En Siria, la coalición liderada por Washington combate también a ISIS, el mayor enemigo de Assad, pero esta estrategia aérea (donde se penetra territorio sirio para actividades militares) solo puede ser llevada a cabo con el consentimiento del presidente de ese país y con el aval implícito de Irán, el mayor aliado y soporte de dicho presidente. Es simple: cada vez que ISIS pierda una posición, Assad termina beneficiado. Esto último es muy complicado puesto que antes de Yemen, y de manera mucho más notoria que en Yemen, Siria era justamente el escenario de enfrentamiento entre el bloque de potencias sunitas, especialmente Arabia Saudita, Turquía y Qatar, contra sus rivales chiítas liderados por Irán. Desde el inicio de la guerra civil, las potencias sunitas armaron, financiaron y respaldaron a los rebeldes -incluidas las milicias islámicas- para poder enfrentar a Assad, el aliado de Irán. A su vez, Teherán proporcionó personal de élite, vastos recursos y armamento a Assad, así como el crucial apoyo de la milicia libanesa de Hezbollah, armada, entrenada y financiada por Irán. A nivel global Estados Unidos apoyaba a sus aliados y a los rebeldes, mientras que Moscú apoyaba a Assad.
4. Sin embargo, tras el crecimiento de los riesgos generados por el "Estado Islámico" o ISIS -el nuevo gran enemigo compartido- en Washington parece haber vencido la convicción de que el conflicto sirio no podrá resolverse jamás si no es mediante la negociación de una salida que resulte aceptable para Assad y para Irán, lo que termina por debilitar la postura de las potencias sunitas en la zona.
5. Por lo tanto, el resultado neto del combate multinacional a ISIS, es una mejor posición de Teherán en toda su esfera de influencia, lo que se viene a sumar a las ganancias que ese país consigue a partir de las negociaciones en el tema nuclear. Estos temores han sido expresados de manera muy sonada tanto por parte del gobierno israelí, como por parte de Arabia Saudita y sus aliados, todos ellos, rivales de Irán.
6. Solo así puede entenderse la contundencia con la que Arabia Saudita ha decidido: (a) intervenir militarmente en Yemen, y (b) abogar por una fuerza multinacional árabe de rápido despliegue, lo que ha sido bien acogido por todos sus aliados sunitas.
Yemen como escenario de conflicto interno e internacional
Al respecto del actual conflicto en Yemen, estos son algunos de los temas más relevantes (Por si desea más detalles, en un texto previo abordé el conflicto en Yemen describiendo actores y metas. Este es solo el seguimiento):
1. Las dos fuerzas primordiales que se enfrentan en Yemen son el gobierno de Hadi, el presidente oficialmente reconocido, y los rebeldes houthis, quienes controlan más de un tercio del territorio del país, incluida la capital, Sana, y asedian la ciudad de Adén, a donde Hadi se había refugiado. Estas dos fuerzas están respectivamente respaldadas por actores locales y por los dos bloques de actores internacionales enfrentados a su vez en este y en otros temas. Estos respaldos se relacionan con la rivalidad sectaria entre sunitas y chiítas manifiesta en varias partes de Medio Oriente, pero no se limitan o se reducen a dicha rivalidad.
2. Hadi -sunita- es respaldado por Arabia Saudita y por el bloque de potencias sunitas que los saudíes han conformado, principalmente Egipto y Emiratos Árabes Unidos. Este bloque interviene militarmente en Yemen a través de bombardeos aéreos en contra de los houthis, y mediante un bloqueo naval para evitar que los rebeldes sean reabastecidos de armas. La coalición sunita es a su vez respaldada por Estados Unidos, quien les apoya mediante logística e inteligencia.
3. Los houthis pertenecen a una sub-secta del chiísmo (los zaidis), y son respaldados militarmente por Irán, así como políticamente por el gobierno chiíta de Irak y por el gobierno de Assad en Siria (alawita, otra subsecta del chiísmo). Sin embargo, los houthis reciben también el importantísimo respaldo militar del exdictador yemení, Saleh -quien tuvo que dejar el poder tras la Primavera Árabe- y por todo un ejército de fuerzas que le siguen siendo leales, mayoritariamente sunitas. De modo que como vemos, a nivel interno, la lucha es mucho más política que sectaria.
4. Del mismo modo, podríamos decir que además de la confrontación sectaria entre potencias internacionales sunitas y chiítas, existe una serie de componentes eminentemente geopolíticos -rivalidades, alianzas, espacios geográficos, recursos, estrategias, tácticas, agendas- que terminan por explicar una especie de guerra fría que se viene librando desde hace años entre los saudíes y aliados, contra los iraníes y aliados.
5. Por último, para añadir complejidad, la rama de Al Qaeda en Yemen ha sacado provecho de esta inestabilidad, y también ha lanzado sus propias ofensivas sobre amplios sectores del territorio y hoy controla buena parte del mismo.
6. Por consiguiente, lo que resulte del conflicto en Yemen será crucial para Arabia Saudita y sus aliados. Esto se debe a que además de los factores internos y locales, como la meta primaria de que Hadi -un aliado del reino saudí- regrese al poder, en la visión de la coalición de las potencias sunitas, Irán debe ser detenido a toda costa, en eso que estas potencias perciben como su inminente fortalecimiento en la región. Y justamente en ese sentido hay un ingrediente adicional.
¿Reventar el acercamiento entre Estados Unidos e Irán?Si tuviéramos un manual que se preguntara cuál sería la recomendación para romper un acercamiento entre dos países o tronar una frágil relación en formación, probablemente habría un párrafo que indicaría lo siguiente: Retire la atención de los medios y los actores políticos de todo aquello que propicia el diálogo y el entendimiento entre esos dos países enemigos o rivales que actualmente están en proceso de dialogar, y reoriente la atención de medios y actores hacia todo aquello que les distancia o diferencia, para hacer prevalecer dichas diferencias por encima de cualquier entendimiento.Solo considere usted lo siguiente: En estos momentos, justo cuando se alista la nueva ronda de negociaciones sobre el programa nuclear iraní, los buques de guerra estadounidenses se encuentran respaldando a la coalición saudí, precisamente en la misma zona donde navegan los barcos de guerra iraníes que apoyan al bando contrario. Ya incluso Washington ha lanzado una advertencia a Teherán por mantener sus navíos navegando en esa zona. La CIA está proporcionando información elemental para el éxito de los bombardeos saudíes en contra de los rebeldes houthis, quienes son armados y respaldados por Teherán. En pocas palabras, mientras se abrazan y sonríen en Suiza, Estados Unidos e Irán están combatiendo de manera indirecta en frentes contrarios en Yemen. Podríamos decir que las circunstancias los llevaron a estar así, en bandos opuestos. Sin embargo, también podríamos pensar que alguien quiere que esos dos países estén activos en sus bandos opuestos, precisamente en estos momentos. Pareciera haber una especie de dinámica inducida por parte de Arabia Saudita y sus aliados: Mediante su estrategia, las potencias sunitas no solo quieren contener y limitar las aspiraciones de los ayatolas chiítas, sino que buscan asegurarse de que tanto Obama como muchos otros actores internos en Estados Unidos -Congreso, partidos, think tanks, precandidatos/as, etc.- entiendan bien dónde deberían estar sus lealtades, y eso no es cerca de Teherán.¿Usted cómo lo ve?Twitter: @maurimm