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Jungvolk
Muy tierno, emotivo y todo, pero faltó que también que saliera un nazi manejando el bochito en el desierto cuando la segunda guerra.
Por cierto, mi segundo mueble [está conmadre decirle así a los carros] fue un bocho rojo que todo mundo decía que era naranja y la aventura más bizarra que me aventé en él fue hace un buen de años luego de una fiesta de cumple-Hecatombe allá a la orilla del mundo por Lincoln casi llegando a La Alianza.
Eran como las 4 de la mañana y el joven insensato y arrebatado Favela dijo: ya fue suficiente y con un camarada y algunos agregados montóse en su rocinante bochito y agarró a la madrugada por la carretera para talonear al malhadado destino.
Obviamente andaba hasta la koncha de la madre de dioz de borracho [no me enorgullezco y no lo haga en casa compa; recuerde que yo sólo era un muchachillo meco] y por supuesto que no en la mejor condición para tomar el volante.
Empero y aclaro que en aquel momento me pareció la mejor idea que pude haber tenido en toda mi jodida y veintiañera existencia, hasta que: ya en el camino casi me paso un rojo y, pese a que la avenida estaba sola y vacía, mi cabecita alcoholizada decidió que lo prudente era aparcar el bochito ahí en seco justo a la mitad de la nada y en el mero centro del todo.
Mi suerte legendaria operó como se esperaba e hizo lo que sabía hacer: de inmediato se escuchó el graznido chillón de una torreta de chotas que andaban sobre la idea y en franca cacería de babosos.
Sí, claro que sí; aquí es, oficial: yo soy un baboso.
Levanté la mano como lo hacen los aplicaditos en cuanto vi que la patrulla me cerraba y de su interior se expelían un binomio de mandriles gordos y amaestrados.
¿Qué pasó oficial?
Cómo que qué pasó, ¿andan bien pedos, verdad?
No, pendejo, así hablo porque nací con retraso y tengo problemas de habla [recuerden que eran los salvajes y sucios inicios de los dosmiles y no había policía de las buenas maneras ni tuiter ni tanto feisbuc y así era de permisivo el contexto histórico-cultural. Perdóneme por anticipado el improperio, por su puesto y claro que ahora nunca jamás me atrevería a decir semejante barbajada —y pues mucho menos hacerla pública en una red social—].
Obviamente sólo lo pensé. No le contesté eso; borracho sí andaba, pero no era idiota. Bueno, no lo fui hasta que uno de los cachuchones me dijo: bájese del carro. Y yo, obediente, me salí de mi bocho.
A ver, licencia y tarjeta de circulación.
La caja de la granadera ya venía bien abastecida con un buen botín de borrachitos que no tardaron en hacer bulla y gritarnos cariños como: déjense de mamadas y también súbalos; eh, por qué a esos putos no los trepan; ya préndanlos, hombre, pa qué tanto pedo...
Apenas saqué mi cartera para mostrar mis papeles y el poli de un manoplazo certero que me la arrebata y se la clava entre sus chonchos y fibrosos pulgares opuestos. Ahí me di cuenta que no me me habían detenido; la poli me estaban robando: y el mono al darse cuenta que yo me daba cuenta —y al percatarse que no traía ni veinte pesos buenos en mi cartera— pues que se me va sobres y me bolsea-basculea sólo para darse cuenta, otra vez, pues que cero, nada, ni siquiera cincuenta centavos.
Pues vámonos al Alamey. Una nueva experiencia; reflexioné con mi mentalidad de botín, y, en eso, mi amigo co-piloto se infló de valor y salió flotando del bocho con la lengua y el verbo bien afilados, dispuestos y preparados para armar sus más pesados argumentos para marear y convencer a las fuerzas del desorden y la rapiña; y, en efecto, mi amigo el borracho sacó lucidez de no sé dónde y durante 48 segundos [los conté] articuló una discurso-defensa tan diáfano, magnífico y exacto [que no parecía el de un borracho] que me hizo imaginar no sólo que nos iban a dejar ir, sino que también indiscutiblemente nos iban a dar —de perdido— el Príncipe de Asturias. Segundo 49. El chota me rompió los sueños y a mi amigo su discurso porque, aún ni lo había terminado de pronunciar, y ya lo tenía contra la lámina abollada de mi desgraciado bochito rojo-anaranjado.
Y vamos de nuevo. Mismo protocolo. El poli lo esculcó y le sacó la cartera.
¿Esto es todo lo que traes?
Y el pseudo-homínido ondeo un billete arrugado de cincuenta entre el aire negro y fresco de la noche.
Sí, es todo, no traigo más que ese dinero.
Contestó mi amigo el elocuente con una precisión cuasialexandrina.
Bueno.
Bufó el ladrón uniformado mientras que el otro chango le gritó un ya vámonos que ordenaba la retirada.
Ta bueno. Órale, ya cáiganle.
Los borrachitos de la caja protestaron en coro: ¡pinches jotos¡, ¡valen verga¡, e insultos varios que no mellaron mi urgencia de largarme de ahí lo más inmediatamentepronto posible.
Y bien. Salimos del hocico de lobo, pero todavía apestaba a hocico así que las cosas ya no podían salir mal: me subo al bocho, no encuentro las llaves en mis bolsillos, mal, no sé dónde están, bien, me doy cuenta que están pegadas al arranque, muy bien reque-bien, giro la llave, mal, se escucha el clic-clic de la marcha, muy mal, la giro otra vez, bombeo el pedal del acelerador, muy pero muy mal, el clic-clic nuevamente y una vez más, clic-clic, muy muy pero muy mal requete-mal: recuerdo que debí cambiar la pila hace meses y que no puedo tener el coche sin marcha con las luces encendidas más de cinco minutos porque se descarga. ¿Cuánto estuvimos ahí? Definitivamente mal.
No. No va a encender.
Le aseguré al retórico-copiloto y en eso una cabezota mandrilesca y policíaca irrumpió por la ventana.
¿No quiere prender?
Era el otro cacuchón y lo que secretamente pensé responderle no se los pongo aquí para no irme derechito y sin escala al infierno de los expeditos enjuiciamientos públicos.
No quiere, pero ahorita lo puchamos, oficial.
Copiloto y Favela a las cuatro de la mañana empujando un bochito con una granadera encima en una avenida lejana y desierta. Cosa rara. Pero no lo suficiente, porque en un giro de tuerca que nadie sospechaba los dos sinvergüenzas ladrones uniformados se ¿compadecieron? y, entonces, manos a la obra: entre los dos borrachos y los dos chotas fuimos un equipo de cuatro que puchamos el volkswagen de una manera tan armoniosa y potente que a los pocos metros el motorcito no sólo rugió sino que casi cantó con una voz alemanizada de Michael Jackson: we are the world / we are the children / pretending day-by-day / that someone, somewhere soon make a change / we're all a part of god's great big family.
Y sí, pudimos escapar por el agujero de gusano que se abrió con ese arcoíris de dulzura y vibras positivas. Llegamos a mi casa. Llegué como pude. Ya no estaba tan borracho porque pude subir cuatro pisos de escaleras sin tanta bronca. Ya no estaba tan borracho. Lo recuerdo bien. Y aún quedaba media botella para cambiar mi situación. Qué historia tan imbécil y tan irreal. Algún día tendré que contarla, pensé mientras me servía otro vaso frente al ventanal abierto por dónde se colaban los primeros rayos del sol amaneciendo. O tal vez no. Lo recuerdo bien. Porque afuera de pronto el sol iluminó el parque y a los árboles que radiaban un verde esmeralda que encandilaba los ojos; porque la gente salió de sus casas a comprar barbacoa, a sacar a pasear a sus perros o para ir trabajar o para hacer ejercicio. Y yo quería y ya no estaba borracho. Y lo recuerdo bien porque miraba toda esa luz y me pregunté, ¿esta es la realidad? Y entonces yo mismo me respondí que sí. Y vi otra vez toda esa luz y me dio asco.
Fin de la anécdota.
Así que si me lo preguntan: sí, sí es cierto Volkswagen, todos hemos pasado cosas lindas en un bocho. Pero también hemos hecho chingos de pendejadas como por ejemplo: ser un puto nazi o manejar ultrapedo y que a las cuatro de la madrugada dos polis te asalten y luego te ayuden a empujar tu bochito.
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#TB #chotas #tiraera (at Massachusetts) https://www.instagram.com/p/Bq7dt_CFthU/?utm_source=ig_tumblr_share&igshid=3r27c0bsqeti
No one likes cops, no one likes traitors No one likes rats, snitches and collaborators No one likes haters, social network agitators Internet debater-warriors, PC dictators You don’t belong, you got the situation wrong
Me encantaría saber si algún día voy a dejar de ser tan 'pelito corto con cara de culo'.