Nicotine Rain & Silent Skies — from The Chronicles of Tartarus
Otra vez me encuentro aquí, encendiendo cigarrillos a tu nombre. Me juzgan por fumar demasiado, pero no saben que no fumo por vicio, sino por exceso de sentir. Si el humo pudiera traducirse en emociones, lo entenderías: apenas la nicotina invade mis pulmones, algo invisible se vuelve tangible, como si mi pecho aprendiera por fin a hablar. Qué ironía que esto sea veneno; quizá mi amor también lo sea, porque cada vez que exhalo y el humo se desprende del balcón de mi habitación hacia el cielo, me convenzo de que solo él ha sido testigo fiel de todo lo que he amado.
Tal vez, si algún día el cielo se apiada de mí, guardará mi amor en una nube. Lo acumulará en silencio, gota a gota, hasta convertirlo en tormenta. Mis sentimientos siempre han sido una nube cálida, cargada de lluvia, aunque yo viva atrapada en la sequía perpetua de no saber llover. Por eso, no cargues paraguas, ni botas, ni overoles; no te protejas el día en que ocurra el milagro. Lloverá a cántaros, día y noche. Te empapará estés donde estés, sin pedir permiso. Haré desbordar los ríos, incluso inundaré tu casa, porque cada gota que caiga será un beso húmedo destinado a ti, a cubrirte el cuerpo entero, sin dejar un solo espacio vacío que no lo lleve.
Probablemente tiemblen tus manos, tu piel, todo tu ser, abrumado por lo que sientes, y entonces comprenderás cómo reacciona mi cuerpo cuando revoloteas a mi alrededor, incluso desde lejos, incluso sin intención. Ese día, los diluvios llevarán tu nombre. Quizá te deje una gripa o una hipotermia, porque los efectos secundarios de una confesión así no pueden curarse en un solo día. Y aun si me rechazas, sé que quedaré guardada en tu memoria: cada vez que mires un cielo nublado, que la lluvia te sorprenda cualquier tarde, o simplemente observes el lento deslizar de las gotas sobre una ventana o un vidrio, sabrás que soy yo, susurrándote el amor que siento, repitiéndose como un ciclo sin fin.












