Elegí mi libertad para no ser consumida por tu vacío.
—Tehimely

Kaledo Art
RMH
Sade Olutola

#extradirty
Alisa U Zemlji Chuda
$LAYYYTER
cherry valley forever

祝日 / Permanent Vacation
Today's Document
KIROKAZE
Aqua Utopia|海の底で記憶を紡ぐ
Not today Justin
Acquired Stardust
sheepfilms
occasionally subtle

@theartofmadeline
Monterey Bay Aquarium
Show & Tell

Love Begins
Cosmic Funnies
seen from Netherlands
seen from United States
seen from United States
seen from United States

seen from Germany
seen from Belgium
seen from Spain

seen from United Kingdom
seen from France

seen from United States
seen from United States
seen from United States

seen from Sweden

seen from United States
seen from Germany

seen from Greece
seen from Sweden
seen from United States
seen from United Kingdom
seen from Italy
@duskidove
Elegí mi libertad para no ser consumida por tu vacío.
—Tehimely
Jamás el cielo comprenderá cómo dos pecadores insensatos como tú y yo logramos escapar más allá del paraíso y del mismísimo Edén con tan solo una llamada y unas risas nocturnas en medio de la noche desolada; creando luz allí donde solo abundaba la oscuridad, aun cuando no teníamos ni un solo fósforo entre las manos. ¿Acaso la esperanza nació del vacío de nuestros corazones, que sin querer comenzaron a latir al mismo ritmo? No lo sé, dímelo tú. Dime si podremos volar tan alto sin caer en el intento; si estas brasas arderán para nunca apagarse y si llegaremos a reinar sobre nuestro propio mundo inventado, uno donde el dolor jamás consiga alcanzarnos. Un mundo donde nosotros mismos no necesitemos preguntas, y mucho menos respuestas, porque todo ya se conoce; y el silencio reina por encima del sonido de pronunciar aquello que ambos sabemos, pero que nadie más logra comprender.
Beyond Eden, Beyond Us — from Letters Never Meant for Heaven
¿Cómo explicarte que yo me encontraba en el túnel más oscuro que jamás había existido, y que vos tropezaste conmigo allí sin siquiera darte cuenta? No llevabas linterna, igual que yo, y aun así, sin querer, iluminaste toda la estancia con tu risa. Tus suspiros fueron la brisa suave que me abrigaba en medio del dolor y del infierno; y tus mil y una anécdotas, junto a nuestras conversaciones absurdas, se volvieron la ruta de escape que me hacía perderme en los senderos que llevaban a tu nombre, dentro de mi noche eterna, sin estrellas y llena de agonía.
Where Your Laughter Found Me — from Letters Never Meant for Heaven
Lo que tú y yo tenemos es más que solo una relación, es más que solo una amistad, es más que solo una hermandad, es tan complejo y profundo que solo el que lo vive lo podría entender y es por eso que nada lo reemplazará.
Fue la misma canción, sonando de fondo, y sin embargo se tornó distinta por el simple hecho de quién le dio al play. Pensé que sería un déjà vu desastroso, una repetición inevitable de aquello que dolía, pero, al contrario de mi presagio, fue liberador descubrir que la canción no tenía culpa de nada. Que nunca fueron los versos, ni las melodías… sino que la primera vez la bailé con la persona equivocada. Culpé a la música, a cada palabra, a cada nota, cuando la tonta siempre fui yo. Y ahora, solo espero que, sea esta u otra, sigas bailando… hasta que nuestros pies se cansen, y no queden risas robadas por una noche más.
Same Song, Different Hands — from Letters Never Meant for Heaven
Una vez me preguntaste si te detendría… y aún me parece tan gracioso aquel instante, ese en el que te indignaste porque te dije que no. ¿Quieres que te retenga? ¿o eres tú quien, en silencio, quiere retenerme aquí? Solo sé que, por más que lo intente, jamás podría apropiarme de tu libertad; para mí, es tan valiosa como la mía, tan intocable, tan necesaria. Prefiero saber que te quedas porque es lo que quieres, y no por un deseo impuesto que nazca del egoísmo. Porque no quiero ser quien compre la jaula, quien corte las alas, quien te condene a desear el cielo. Ese mismo cielo que, con tus risas bajas, en la oscuridad de la noche, me haces tocar… sin notarlo, ni un poco.
Not Mine to Keep — from Letters Never Meant for Heaven
Nadie esta listo para huir de donde quiso quedarse para siempre.
Una charla profunda y una disculpa pueden arreglar muchas cosas, pero la gente no es lo suficientemente madura para eso
-Mario benedetti
Había sido el hogar de muchas otras personas desoladas, de almas torturadas que se parecían a la mía; siempre sosteniendo lo insostenible, siempre cuidando, siempre protegiendo. Pero, ¿quién sería mi hogar?, ¿quién sería mi refugio? Pensé que vendría alguien. Lo esperé, o al menos intenté hacerlo, pero en verdad creo que no soy buena esperando. Y ha pasado tanto tiempo… tanto, que ahora entiendo que quizá lo más sensato, lo más honesto, es convertirme en el mejor hogar para mí misma. Si podía ser la luz del día para los demás, entonces también podía ser, aunque fuera, la luz de luna en mi noche más desolada y fría. Porque mi luna es una muy fría, conservadora, algo dura. Y aun así, es ella quien guarda mis sentimientos, los protege en silencio, incluso cuando me encuentran sin remedio, incluso cuando parece que bajo esa capa de hielo no existe nada más. Pero aun así, nadie considera que el hielo también quema la piel.
Moonlight for My Coldest Night— from Letters Never Meant for Heaven
Vivíamos entre Venus y Marte, entre el amor y la guerra. Allí, atrapados en esa tierra que nunca nos perteneció, pero que a nuestra manera hicimos nuestra. ¿Es el amor más grande que los planetas? No lo sé; el universo es tan inmenso y etéreo que lo simula todo a la vez que nada, así como nosotros dos, que podemos ser todo al mismo tiempo que nada. En el momento en que nos vemos y nos miramos a los ojos, podemos profesarnos tanto como para invocar a Eros, pero al mismo tiempo podemos discutir hasta levantar entre nosotros a Ares. Llegará el día en que la última rosa se marchite, ya sea porque no tiene más amor para florecer o porque fue incendiada por el fuego del campo de batalla. Ahora mismo, solo sé que quiero besar tus labios, pues no estoy atenta a si estamos discutiendo o recitando poemas; solo estoy enfocada en su movimiento, tan maldito como bendito.
Where Eros Meets Ares — from Letters Never Meant for Heaven
Si nunca tocaba el cielo, no me importaba; no me importaba vivir en la eternidad del infierno si estaba contigo. Eras como mi anestesia personal: verte, así fuera de lejos, aliviaba el dolor que albergaba en mi alma. El que no te importaran mis cicatrices o mi fealdad me hacía creer que, al menos en el universo de tu mente, era digno de ser visto, recordado y tratado. Solo tú eres capaz de darle valor al mínimo gesto de mi poca humildad. Te amo en una amistad disfrazada, pues solo en ella he podido volver a la vida, aunque sea por los instantes que me robas en este tiempo que no perdona. Amar a lo prohibido siempre ha sido un dilema, uno que pocos pueden afrontar de verdad, y heme aquí, ante ti, queriendo una señal —aunque sea un suave pestañeo— que me indique la luz verde para que todo cambie.
A Glimpse Was Always Enough — from Letters Never Meant for Heaven
Eras mi paraíso personal en medio de este infierno, ese pequeño trozo de cielo que robé sin querer, o quizá un regalo que nunca merecí, pero que aun así era mío.
Podía ser el ser más despiadado y frío, perder mi humanidad en un pestañar con solo oprimir el interruptor. Pero luego estabas tú, quien verdaderamente podía hacer que mi sistema se encienda, que el corazón bombee sangre hasta llenar cada centímetro de mis venas y volverme el más vulnerable ante ti.
Saints, Sinners, and Honest Darkness — from Letters Never Meant for Heaven
Él era el chico bueno, el héroe desgastado y triste que quería salvar a los demás porque no había quien lo salvara a él. Había en su mirada una fatiga silenciosa, como si cada acto de bondad fuera un intento desesperado de equilibrar una balanza invisible. Parecía que su actuar bueno y perfecto, de alguna manera, era deuda con el karma; como si cada gesto noble fuera una moneda lanzada al destino con la esperanza de que, algún día, regresara a sus manos. Hacía buenos actos y salvaba para que lo hicieran lo mismo con él, como quien escribe su propio rescate en acciones ajenas.
Y, sin embargo, todo en él se sentía como una capa fina de maquillaje que vestía. Una superficie pulida, casi impecable, que ocultaba lo que vive debajo. El aparentar no tener defectos, al querer ocultarse, lo hacía más peligroso de lo que los demás querían aceptar. Porque lo contenido no desaparece, solo espera. Y ese actuar contenido, reprimido en lo más profundo, algún día explotaría, con un estruendo capaz de llevarse todo lo bueno que hubo en un punto. Porque incluso la mentira piadosa de una personalidad deja una cicatriz.
Por eso decidí irme con el descarado sarcástico que nunca ocultó su lado demoníaco. Había en él una honestidad cruda, incómoda, pero real. Podía tener mil y un defectos, arrastrarlos sin pudor como cadenas que no intentaba romper, pero jamás negaría que los posee. No construía máscaras ni se refugiaba en la perfección fingida. Y aun en su actuar frío y desalmado, su autenticidad dejaba clara su verdad, como una llama que no pretende ser otra cosa que fuego.
Nunca ocultó su sombra. No la negó, no la disfrazó. Se empoderó en ella, la hizo suya, y en lugar de temerle, aprendió a habitarla. Se volvió rey de su noche, soberano de su propia oscuridad, mientras el otro seguía prisionero de una luz que no le pertenecía.
Las tres en punto de la maldita madrugada. La hora del diablo, dicen. También la mía.
Quizás no sea casualidad. Tal vez nunca fue una hora de salida para él, sino un toque de queda impuesto para mí.
Quién sabe si realmente existe. Tal vez el demonio sea solo una coartada conveniente, una forma elegante de evitar mirarnos de frente.
Siempre es más fácil culpar a algo externo. El remordimiento pesa más que el rencor.
Curfew of the Damned Hour — from Letters Never Meant for Heaven
Más de una vez rompí platos de la vajilla que usamos juntos, dejándola incompleta, astillada, imperfecta. Pensé que me parecía a ella. Al fin y al cabo, dicen que los dueños terminan reflejándose en sus cosas. Mi plato favorito pareció decírmelo en silencio mientras lo lavaba: el patrón estaba incompleto, la cerámica resquebrajada, pero seguía siendo funcional, entera a pesar de las heridas. Lo miré largo rato y pensé en mi corazón. Sabía que, de algún modo, seguías habitándolo, pero una fisura lo atravesaba de lado a lado, dividiéndolo sin romperlo del todo, obligándolo a latir con cuidado.
The Tender Ache of Unbroken Things — from Letters Never Meant for Heaven
No todos los hábitos se abandonan. Algunos se convierten en refugio. Otros, en armadura.