Judas dio el beso, y desde entonces condené todos los labios ajenos, sin entender que la piel se marchita cuando no es tocada y que los labios se quiebran esperando a otros. No existe cuerpo que no guarde calor.

seen from United States

seen from United States
seen from China
seen from Australia
seen from China
seen from Australia
seen from South Korea
seen from United States
seen from United States
seen from United States

seen from United States
seen from United States
seen from South Africa
seen from Kazakhstan

seen from United States
seen from United States

seen from United States
seen from United States
seen from Philippines
seen from China
Judas dio el beso, y desde entonces condené todos los labios ajenos, sin entender que la piel se marchita cuando no es tocada y que los labios se quiebran esperando a otros. No existe cuerpo que no guarde calor.
Si mi fuerza era como la corriente, destinada a arrasar todo lo que tocara a su paso, ¿te permitirás ser el abismo de esta cascada? ¿Me dejarás ser yo misma, sin contener el impulso de lo que soy?
¿Dejarías que el agua caiga con toda su fuerza en nuestra inmensidad sin fondo, libre, indomable, encontrando en ti no un límite, sino una profundidad donde existir plenamente?
Vivir no es un acto de cobardía; nunca lo fue. Vivir es avanzar sin pedir permiso al miedo, sin arrodillarse ante el arrepentimiento ni negociar con culpas heredadas. Prefiero el perdón que nace del exceso antes que el permiso que mata los impulsos. Que piensen lo que quieran. Si alguna vez hay un verdugo en esta historia, no llevará mi nombre. No me condeno por existir, no me traiciono por encajar. Soy lo que soy mientras me pertenezca, y eso basta. Que me llamen villana si les incomoda, héroe si les conviene. Los títulos nunca me quedaron bien: no abrigan, no definen, no salvan. Yo no vivo de etiquetas, vivo de decisiones. Hoy soy quien elige qué hacer consigo misma, quién entra, quién se queda, y qué heridas ya no merecen voz. Vivo como venga la vida, sin dar explicaciones innecesarias, sin pensar de más en lo pequeño, porque sé —con una certeza feroz— que el pasado ya no manda aquí. Este presente es mío. Y eso, por primera vez, lo cambia todo.
No Saints Live Here — from The Chronicles of Tartarus
Había sido el hogar de muchas otras personas desoladas, de almas torturadas que se parecían a la mía; siempre sosteniendo lo insostenible, siempre cuidando, siempre protegiendo. Pero, ¿quién sería mi hogar?, ¿quién sería mi refugio? Pensé que vendría alguien. Lo esperé, o al menos intenté hacerlo, pero en verdad creo que no soy buena esperando. Y ha pasado tanto tiempo… tanto, que ahora entiendo que quizá lo más sensato, lo más honesto, es convertirme en el mejor hogar para mí misma. Si podía ser la luz del día para los demás, entonces también podía ser, aunque fuera, la luz de luna en mi noche más desolada y fría. Porque mi luna es una muy fría, conservadora, algo dura. Y aun así, es ella quien guarda mis sentimientos, los protege en silencio, incluso cuando me encuentran sin remedio, incluso cuando parece que bajo esa capa de hielo no existe nada más. Pero aun así, nadie considera que el hielo también quema la piel.
Moonlight for My Coldest Night— from Letters Never Meant for Heaven
Jamás el cielo comprenderá cómo dos pecadores insensatos como tú y yo logramos escapar más allá del paraíso y del mismísimo Edén con tan solo una llamada y unas risas nocturnas en medio de la noche desolada; creando luz allí donde solo abundaba la oscuridad, aun cuando no teníamos ni un solo fósforo entre las manos. ¿Acaso la esperanza nació del vacío de nuestros corazones, que sin querer comenzaron a latir al mismo ritmo? No lo sé, dímelo tú. Dime si podremos volar tan alto sin caer en el intento; si estas brasas arderán para nunca apagarse y si llegaremos a reinar sobre nuestro propio mundo inventado, uno donde el dolor jamás consiga alcanzarnos. Un mundo donde nosotros mismos no necesitemos preguntas, y mucho menos respuestas, porque todo ya se conoce; y el silencio reina por encima del sonido de pronunciar aquello que ambos sabemos, pero que nadie más logra comprender.
Beyond Eden, Beyond Us — from Letters Never Meant for Heaven
El año llega a su fin, y el círculo del infierno que habitaba se consume lentamente en las cenizas que yo misma aprendí a dejar atrás. No temo a lo que venga. Seguiré caminando, incluso cuando el camino arda, aunque el paraíso no me espere al final y el cielo deje de ser una promesa. Porque avanzar, aun sin destino sagrado, también es una forma de salvación.
Podía ser el ser más despiadado y frío, perder mi humanidad en un pestañar con solo oprimir el interruptor. Pero luego estabas tú, quien verdaderamente podía hacer que mi sistema se encienda, que el corazón bombee sangre hasta llenar cada centímetro de mis venas y volverme el más vulnerable ante ti.
Si el alma se atreviera a susurrar verdades antes del sueño, habría reconocido el presagio de mi destino demasiado pronto. A los cuervos como tú —me dijeron— no se les escriben poemas; están hechos para dejar caer sus plumas y escribir con ellas su propia herida. Nunca fui musa. La seda no aprende mi nombre, y aunque pequeña, aunque frágil, no encajo en vestidos pensados para ser admirados. Me llaman mal presagio, como si mi sombra robara la música del aire, como si mi llegada transformara la melodía en silencio. Tal vez fue mi error amar a Shakespeare y no creer en Julieta. Asomarme al balcón sabiendo que nadie espera en el jardín. No miro hacia abajo. Elevo los ojos al cielo, buscando a la luna cuando las nubes —envidiosas— cierran el telón para ocultarla. No soy damisela. No abandono torres por amor. Si el peligro llega, solo yo escribiré mi rescate. He sido héroe y villano, ambos con el mismo nombre, ambos firmados con la misma sangre. Mi historia avanza día tras día: monótona, decepcionante, a veces inesperada. No tiene personajes célebres ni giros dignos de aplauso. Pero arde tibia, como una miniserie olvidada basada en poemarios torcidos y antologías que el tiempo dejó atrás.
The Tower Without a Garden— from The Chronicles of Tartarus