La isla envuelta en nubes de oro
no existe en ningún lugar del mapa.
Nosotros, sus moradores, tampoco...
en ningún recoveco de la realidad.
El mar de la fantasía del mercader
y más allá el piélago teórico,
proceloso, de los marinos,
donde derivamos los de Cipango:
una muchedumbre que es al fin
inexistente, ilusión, un sueño.
Nunca nos deis crédito alguno.
Se afirma generalmente que la traducción de poesía es una empresa imposible, y los poetas comparten en buena medida tal opinión. Pero yo no me tomo la cuestión de la traducción poética tan a la tremenda. Una lengua es algo adventicio, un medio. Me gusta distinguir entre poesía y poema; poesía es algo que viene de otro ámbito, y cuando ocurre te conviertes en receptáculo, haciendo de tu lengua vehículo, y eso que adviene lo trasladas en forma de poema. La poesía en sí no tiene forma. El poeta se la da. Hasta qué punto traslada la poesía que recibió a través del poema se desconoce, pero éste proporciona al traductor indicios, que son trasladables a otra lengua. En este sentido la escritura de un poema es en sí misma una traducción.
Así que en general me alegro de que se traduzcan mis poemas. La traducción les presta otra refracción y a veces descubro algo inesperado.