LA MESA DEL BAR DE UN JUEVES
La armonía del hombre y su entorno, la calle y el movimiento, el consumo de las cosas, del alma, del café, el ruido de gente respirando y sus zapatos dando pasos apurados, las calles atestadas, la alteridad; casi fin de semana, ya hemos muerto un poco. Todos están vestidos de negro, como si participaran simultáneamente de un funeral que dura todo el otoño y el invierno, yo voy de rosa, no tan cubierta, cuando salgo de la estación del metro, las corrientes de aire me alzan la falda y me desnudo un poco. He perdido el día entero, pero ahora puedo sentarme en esta silla tiesa, frente a esta mesa pálida y sentir. El aquí y el ahora, entender su movimiento ayuda a vivir, este es mi espacio, esta es la materia de la vida que tengo a disposición.
Las miradas de extraños, como ganchos que se cuelgan a uno, admiramos lo que no podemos tocar, ni lamer, ni hacer morir. Se ha aminorado mi miedo a sentirme perdida, uno siempre encuentra lo que busca si sigue caminando. Entender el sentido de la vida con esas miradas, vivir hasta el fondo.La música tranquila y las máquinas sonando atrás, no verse raro sentado solo frente a una taza de café, aquí todos estamos en soledad, aquí nadie viene a buscar compañía. Al hombre le cuesta aceptarse, vive para juzgar y ser juzgado, pero una vez ese juicio es únicamente interior, existe liberación, entonces la tristeza sigue siendo y el dolor también, pero se aprende a vivir a un lado de ellas con una bonita sonrisa.La luz del día a medio prender, a veces, tímidamente salen rayos de sol a tocar las calles, pero se esconden, ellos también están perdidos y por este temporada se empiezan a tener miedo, el otoño es como la vejez, una muerte lenta, pero que no pierde rumbo.Balcones viejos con ventanas largas que dan a plazas con personas extrañas que se miran entre sí, sin el mínimo gesto de emotividad, solo con unos ojos llenos de nada. Uno por uno van partiendo, quién sabe si es la última vez que vuelvan a tocar ese centímetro exacto de asfalto en el que hoy están parados, quién sabe, si volverán a coger esa misma mesa, con la misma silla, en otra ocasión, las cosas se desechan, las personas mueren. ¿Y si el ser humano en alguna forma sigue existiendo después de la muerte, pero no hay café ni vino? uno, ¿cómo podrá sobrevivir a otra realidad sin ancianos montando en bicicletas con canastas, pantalones beige y busos azul oscuro? Será difícil cierto, no poder escuchar los martillazos que hay a mis espaldas y no poder ver a las tres señoras que andan sentadas distantemente en la misma línea de unas escaleras para entrar a la iglesia, ellas tal vez, puede que algún día se conozcan, o puede suceder también, que todos los jueves a las doce del mediodía se reúnan ahí, en su condición de desconocidas para acompañarse mientras pasa el tiempo.Es curioso ver que todos se quieren escapar de la realidad que tienen al frente con celulares, periódicos y libros, es una pena, porque se están perdiendo mucha vida pasar.
COCATIME












