Lo siento, lo intenté porque te quiero, y eso no va a cambiar. Pero, después de debatir jodidamente con mi interior, decidí que no es sano, no es correcto. No puedo quedarme.
No se trata de perdonar o de volver a comenzar, es sólo que hemos perdido la capacidad de repararnos, o quizás nos dañamos tanto que ya no podemos encajar y necesitamos la separación. Es importante que comprendas que no puedo quedarme, que cuando te llegue esta carta estaré lejos de ti, que necesito que no me escribas, que por favor comprendas que ya no podemos intentarlo porque el "una vez más" se murió, lo asesino ahora, ya no existe.
Puede ser que nos veamos luego, porque eres importante en mi vida y eso no va a cambiar, pero ahora no. La vida nos pide que volemos en direcciones opuestas, que no sigamos frenándonos por no querer decir adiós.
Adiós, cuídate mucho. Ya no tengo miedo de despedirme porque sé que es lo correcto.
No te imaginas cuánto me costó decidirlo, cómo me dolía, cómo me pesaba que me hubieras mentido, que me hubieras fallado, pero es culpa de ambos. Es mi culpa por permitirlo y aplaudirte hasta lo peor, (lo hacía porque no sabía que podía vivir sin ti). Es tu culpa por no aceptar que fallaste, por convertirte en mártir de tu vida y de tus errores en vez de ser valiente para renacer de la equivocación y recuperar lo nuestro. Ahora es muy tarde, necesito besar mi herida y aprender de mi cicatriz. ¿Sabes? Me encanta sentirme feliz aunque no estés conmigo. Porque incluso cuando duela, el dolor será de felicidad, porque estaré sanando con esta distancia obligatoria que marco entre los dos.
Recuerda no llamarme, ni escribirme, ni buscarme. Cuando pienses que necesitas estar conmigo, recuerda que lo único que necesito yo, es alejarme de ti. —Nacarid P