Si si si, eso era. La juventud tiene que pasar, ah si. Pero en cierto modo ser joven es como ser un animal. No, no es tanto ser un animal sino uno de esos muñecos malencos que venden en las calles, pequeños chevolecos de hojalata con un resorte dentro y una llave para darles cuerda fuera, y les das cuerda grrr grrr grrr y ellos itean como si caminaran, oh hermanos míos. Pero itean en línea recta y tropiezan contra las cosas bang bang y no pueden evitar hacer lo que hacen. Ser joven es como ser una de esas malencas máquinas.
Mi hijo, mi hijo. Cuando tuviera un hijo se lo explicaría todo en cuanto fuese lo suficiente starrio para comprender. Pero sabía que no lo comprendería o no querría comprenderlo, y haría todos los vesches que yo había hecho, si, quizás incluso mataría a alguna pobre starria forella entre cotos y coschas maullantes, y yo no podría detenerlo. Ni el tampoco podría detener a su hijo, hermanos. Y así itearia todo hasta el fin del mundo, una vez y otra vez y otra vez, como si un bolche gigante chevoleco, o el mismísimo viejo Bogo (por cortesía del bar lácteo Korova) hiciera girar y girar una vonosa y grasña naranja entre las rucas gigantes.
-Clockwork Orange 🍊

















