Un día llegaré hasta tus prados, hasta el campo donde corres, hasta la orilla del camino que llega a tu hogar cálido y resplandeciente.
Espero que me des la bienvenida, que estés feliz de verme y que tú sonrisa sea el regalo que tanto deseo porque se que eres dichoso de volverme a ver, de brindarme tu refugio, de estar en tu amada casa.
Quizás me encuentres en el sendero porque no te hallaba y fuiste a mi para que ya no anduviera deambulando sin tenerte a la vista. Entonces sabré que no todo está perdido para mí, que la esperanza persiste y que mi fe fue la que hizo posible observarnos a los ojos de nuevo.
Si, querido Amor, hablo de ti; y hierve mi sangre de saber que esto sucede y que ya nunca más te alejaras de mi lado.
Leregi Renga












