Obvio que tenemos la capacidad de regenerar las agujas de nuestros rincones y el filo de nuestros bordes, pero necesitamos alejarnos de esa dósis ácida, casi nunca lo hacemos, más bien al revés: nos sometemos constantemente a ese eterno goteo corrosivo sin notarlo, o lo notamos demasiado tarde, cuando ya no podemos regenerarnos lo suficiente y solo nos queda la nostalgia, que es tan inútil como intentar calentarse con el recuerdo del fuego que alguna vez tuvimos. Creo que las válvulas de ese ácido están más abiertas durante el día, porque por la noche no hay nadie que las controle (si hay algo que olvidan con frecuencia los diurnos dueños del mundo es que existe una cosa llamada turno nocturno). Debe ser por eso que salgo poco: para cuidarme. Si veo a alguien es por tres razones: para conocer gente nueva, o por obligación o porque le quiero muchísimo. En cualquier caso necesito un mínimo de 24hs. para recuperarme del encuentro con otra persona, cualquiera sea. Jamás salgo de casa dos días seguidos, con suerte dos veces por semana y con cita anticipada, porque también necesito aceptar la idea de que voy a salir, a ver a otro ser humano, a socializar. Conmigo es muy raro que funcione el “¿Hacemos algo hoy?”. Por eso sufro cinco veces más eso de trabajar sin opción remota: salir de lunes a viernes, y encima para ESO? no se me ocurre peor infierno. Ácido. 8 horas al lado de gente 5 días a la semana quien sabe por cuántos meses, años… para mí es terrible tener que adaptarme a la fuerza a algo así. ¿A quien se le ocurrió este modelo de vida en el que convivimos más tiempo con desconocidxs que con la gente que elegimos compartir nuestra vida? Hay algo en el aire o en el tiempo que funciona como un ácido que te consume y te corroe lentamente sin que te des cuenta, creo que ya se lo que es.
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