La soledad construye y destruye. La soledad salva y hunde. La soledad acompaña y está presente cuando nadie más lo está.
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La soledad construye y destruye. La soledad salva y hunde. La soledad acompaña y está presente cuando nadie más lo está.
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El abrazo de la noche es impagable. La sombra dilatada te esconde de quienes no saben vivir en la oscuridad. La luz artificial repele a los diurnos casi con la misma eficacia con la que las nubes arruinan la sonrisa de quienes dependen de un rayo de sol para ser felices. Cada hora que se mueve en la madrugada demuestra la farsa de la “libertad” que tienen quienes solo son viables en horario de oficina. El éxito de la noche ante la dictadura de los diurnos tiene la misma fuerza del domingo que hace fracasar a quienes solo se sienten útiles de lunes a viernes. La vida que encuentro en cada madrugada me recuerda a la feria sobreviviendo al shopping. La noche es (creo) ese animal salvaje que el circo nunca logró capturar para domar, el que mata a quien intenta cazarlo, el que resiste a la extinción.
(borrador[es])
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¡A dormir que quiero soñar contigo!
Iñaki Bonillas, Adiós fotografía, 2018
crédit photo: ARTISHOCK
Obvio que tenemos la capacidad de regenerar las agujas de nuestros rincones y el filo de nuestros bordes, pero necesitamos alejarnos de esa dósis ácida, casi nunca lo hacemos, más bien al revés: nos sometemos constantemente a ese eterno goteo corrosivo sin notarlo, o lo notamos demasiado tarde, cuando ya no podemos regenerarnos lo suficiente y solo nos queda la nostalgia, que es tan inútil como intentar calentarse con el recuerdo del fuego que alguna vez tuvimos. Creo que las válvulas de ese ácido están más abiertas durante el día, porque por la noche no hay nadie que las controle (si hay algo que olvidan con frecuencia los diurnos dueños del mundo es que existe una cosa llamada turno nocturno). Debe ser por eso que salgo poco: para cuidarme. Si veo a alguien es por tres razones: para conocer gente nueva, o por obligación o porque le quiero muchísimo. En cualquier caso necesito un mínimo de 24hs. para recuperarme del encuentro con otra persona, cualquiera sea. Jamás salgo de casa dos días seguidos, con suerte dos veces por semana y con cita anticipada, porque también necesito aceptar la idea de que voy a salir, a ver a otro ser humano, a socializar. Conmigo es muy raro que funcione el “¿Hacemos algo hoy?”. Por eso sufro cinco veces más eso de trabajar sin opción remota: salir de lunes a viernes, y encima para ESO? no se me ocurre peor infierno. Ácido. 8 horas al lado de gente 5 días a la semana quien sabe por cuántos meses, años… para mí es terrible tener que adaptarme a la fuerza a algo así. ¿A quien se le ocurrió este modelo de vida en el que convivimos más tiempo con desconocidxs que con la gente que elegimos compartir nuestra vida? Hay algo en el aire o en el tiempo que funciona como un ácido que te consume y te corroe lentamente sin que te des cuenta, creo que ya se lo que es.
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Mi refugio del tedio se encuentra al otro lado del vaso de Jack, bajo una pálida luz amplificada por vinilos de 45 rpm. Encuentro una tregua en esa mesa de madera de 1 metro cuadrado frente al parlante infestado de punk rock, donde me devuelve la mirada el abismo de una negra pared con leyendas incrustadas como joyas en la corona de los que gobernamos la caída del sol. El piso amarillento rebota el eco de mis huellas, como una contraseña: “tranquilo” me dicen las baldosas impías “te reconocemos, podés pasar”. Afuera se quedan los de siempre, los que constantemente pasan por la puerta y nunca entran, o los que lo intentaron y no lo lograron, y los que ni siquiera sospechan que este lugar existe, los que no lo encontrarían, incluso después de leer esto. Son aquellos que desprecio, los normópatas, los dictadores diurnos, los tiranos de la felicidad, los que solo usan la noche para dormir. Quienes no conocen el lado oscuro del día jamás escucharon el grito de la madrugada, la poesía que ocurre mientras sueñas.
Me escondo en ese lugar del reloj donde nadie me buscará nunca, en esa zona fuera del alcance del decoro y las buenas costumbres. Este lugar me protege, entiende que mi bandera es de papel higiénico, acá las sonrisas de plástico no llegan, en esta trinchera los payasos de ese circo llamado “normalidad” no hacen reír a nadie. Mi refugio es este punto de choque donde suelo perseguir quimeras, lo único que nos salva de caer en el abismo que carcome el piso que nos sostiene.
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El día de un noctámbulo cualquiera
Me despertó una máquina que a las 7 a.m. empezó a hacer una zanja a 10 metros de mi cama. Yo me había acostado a las 5 a.m., me di por muerto. Vi que tenía para rato y que el silencio no era una opción, pensé en aprovechar el día y vacunarme contra el sarampión. Era martes, en los centros vacunatorios a mi alcance me informaron que vacunaban cualquier día menos ese. La máquina paró después del mediodía. Ok, almuerzo y me acuesto de nuevo me dije. Pero no. Ahí fue cuando el vecino decidió hacer uso y abuso de su taladro, cosa que no pasaba hacía meses. Terminó su labor al caer la tarde. Ok, meriendo y me acuesto de nuevo me dije, Pero no. Motos. Me desperecé resignado, lo hice con tanto énfasis que el oído me hizo un ruido raro, como si alguien a mi lado pensara decirme algo pero se arrepintiera antes de decirlo. Hombre, alto de unos treinta años especulé. Se lo comenté a una conocida que sabe del tema porque escucha voces cuando sufre brotes psicóticos. -Hoy me acordé de vos porque me desperecé y el oído me hizo un ruidito que parecía como cuando alguien te va a decir algo pero se arrepiente. Y dije ah claro lpm, que intenso escuchar voces que no paran. -SEP, pero no le prestes atención, porque te podés predisponer a ello.
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Quisiera poder tomarte de la mano, salir a pasear, comer nieve y darte un pequeño sorbito en la nariz porque te quedó un poco de nieve ahí. Darte un besito al final y verte sonreír de oreja a oreja. Siquiera ocupo que correspondas al beso o que me digas algo. Después vamos por un frappé porque el calor en la ciudad es horrible, nos sentamos a esperarlo en la cafetería y varios clientes nos ven porque nos vemos muy bonitos juntos. Tu tan esbelta, con tu piel morena y labios carnosos, y yo, yo solo de imaginar estar ahí contigo sería feliz. Justo ahora sonrío de imaginarlo posible.
Soy un soñador, me digo mientras tanto... Esperando a que existas y si existes, esperando me conozcas, me encuentres entre ese mar de hombres que ves y descartas, esperando no ser un descarte más. Esperando a que esa sonrisa vuelva a verme y esa sonrisa nazca de mis locuras. De despertarte por la mañana con un café calientito, un pan tostado con mantequilla y el bote de mermelada para que lo pongas al gusto, claro, sin olvidar el cuchillo para untar. Besar esos hermosos labios que jamás han sido besados aún sin que te hayas levantado a asearte un poco, imagino que me gusta. Tu cabello sin arreglar, negro azabache, esperando abracen mis manos y se pierdan entre tus cabellos. Que mis piernas sean tu almohada y hacerte piojito, mi niña bella, mi morenita hermosa... No haber cometido tantas locuras para poder amarte y ser digno de tu amor...