Harlem, el barrio de inmigrantes afroamericanos, de los brownstones, del Apolo, del góspel, del jazz, del lugar donde conocí a Juls, un Camerunés bien tropical.
Juls, con su aire enigmático, sin duda selvático, creció bañado por el Golfo de Guinea, donde la gente baila al ritmo de Makossa. Él lleva con sobriedad los colores y texturas de África.
Llegó a Nueva York con un bagaje de liderazgo y emancipación. Juls tuvo que abandonar su país para conservar su libertad. En Camerún ser homosexual es ilegal, se siguen cometiendo asesinatos y torturas. Hay carcel por simple sospecha en la forma de caminar, vestir o los lugares que se visitan. Desde Nueva York Juls trabaja para garantizar los derechos más fundamentales de las personas en Camerún.