Siento que, como española, la palabra "tradición" y "cultura" se utiliza mucho en diferentes contextos y monólogos sentimentalistas, ultranacionalistas o directamente neofascistas. Aún también en discursos neoliberales, socialistas o de extrema izquierda. Siempre pintado como el villano o la divinidad, nada de medias tintas.
El poder de las palabras y de la formulación de las frases, es total, completo. Es por ello que resulta de vital importancia no tener a según qué perfiles en el gobierno.
Creo, y además es algo obvio, que la tradición y cultura tal cual la conocemos (bien la tengamos santificada o demonizada), está destinada a desaparecer. La globalización y el cosmopolismo es una realidad ACTUAL. Pues hoy en día, cualquier persona del mundo puede vivir en cualquier rincón del planeta; sin importar si se hace de forma o no legal, simplemente es posible.
Curiosamente, el propio sistema político pone a las diferencias culturales y tradicionales existentes entre el país origen y el país destino como el punto central en las dificultades de convivencia (así como de integración). El ultranacionalismo, exige rigurosidad en el cumplimiento de las tradiciones y culturas propias, mientras desacredita y deniega de las extranjeras. Mientras, muchas de las personas extranjeras tienen un fuerte arraigo cultural de sus tradiciones y país, lo que automáticamente les convierte en el enemigo de la nación (algo tremendamente peligroso en una sociedad que tiende a la polarización para personificar los problemas y, posteriormente, deshumanizarlos). Y por otro lado, la extrema izquierda reniega por completo de las tradiciones y cultura propia, aceptando e imponiendo tolerancia absoluta sobre culturas ajenas. Como si la solución estuviera únicamente en la abolición del sello tradicional de su propia nación. Creando un sentimiento de abandono a la población origen y sin orientación real a la población emigrante, lo que ocasiona una falta de sustrato básica para construir una convivencia homogénea y firme.
Independientemente de la vertiente, todavía no existe ningún estudio que demuestre una correlación directa entre tener un fuerte arraigo cultural y no poder adaptarse a las costumbres y normas de otro país. Porque, la realidad es que la identidad y la convivencia ni siquiera son sinónimos. Sí es una realidad que, dentro del amplio repertorio de países y sus evoluciones culturales, existen países y culturas cuyos valores están tremendamente extrapolados y ello imposibilita, en gran medida, la adaptación de su población al país "opuesto". No obstante, en estos casos estamos hablando de conceptos básicos de convivencia; la base cultural, el sustrato sobre el que se enraíza. Poco tiene que ver este caso concreto con la mezcla cultural masiva actual resultante de la interconexión global.
Y digo yo, ¿acaso no es posible entender la cultura y la tradición como algo propio, flexible, laxo, en constante movimiento y cambio, heterogéneo? ¿Acaso no es posible entender que se puede seguir viviendo en un país donde se mantienen sus raíces, pero dejando crecer el árbol lejos del suelo? No hace falta esclavizar, ni ceder, ni dictar. Esto no es una cuestión de fuerzas, sino de básica convivencia. Nadie puede renegar de sus raíces, igual que no se puede renegar de un padre; ni siquiera hace falta priorizar una familia sobre otra. Solo se trata de darle importancia a lo necesariamente común, y de disfrutar del enriquecimiento que aporta lo distinto.
















