El hada y la rata
Había una vez un hada que vivía en una cueva. Era muy querida por los animalitos que se refugiaban ahí. Ella tenía el don de crear manjares, postres y tortas inimaginables, exquisitos y maravillosos. Como quería tanto a sus amigos del bosque, los invitaba cada semana a comer un gran festín. Todos eran felices junto al hada.
Un día, llegó una rata enorme por accidente a la cueva, y vio a los animalitos rodeando al hada mientras bailaban, después de cenar. La rata al ver tanta felicidad no pudo con la envidia, no soportó ver como amaban al hada. Así que ideó un plan.
A la mañana siguiente se acercó a la cueva agarrando su cola, lloraba desconsolada, porque tenía una herida, sus llantos eran tan fuertes que todos los animalitos del bosque se acercaron a ella. -Que te pasa rata? - le preguntaban curiosos. - ¡Mi cola!, ¡me duele mucho! - respondió ella.
Los animalitos al verla tan afligida la llevaron a la casa del hada, quien los recibió diligentemente y ayudó a la rata, poniéndole una cinta en la herida. La rata les dijo que un lobo feroz había intentado comérsela y que por un pelo no lo logró, le pidió al hada que la dejara quedarse por un tiempo, hasta que recuperara el coraje. El hada como era muy buena le dijo que sí.
Con el paso de los días, la rata se fue ganando su afecto, le ayudaba a limpiar, a hacer adornos para los festines, se acurrucaba con ella cuando hacía frío y con el tiempo se volvieron inseparables.
Una vez que la rata logro conquistar una parte de su corazón comenzó la segunda parte de su plan.
A cada idea que se le ocurría le encontraba un problema. “No eres lo suficientemente fuerte para hacer cosas grandes, mejor haz algo pequeño”, “No intentes salir de la cueva, puede venir el lobo y te puede comer”, “No confíes en los otros animales, en el fondo no te quieren, solo te buscan por tu comida”.
El hada como quería mucho a la rata le creía todo lo que le decía, así que, sin darse cuenta, dejó de soñar con hacer cosas grandes, dejo de interesarse en el exterior y por la desconfianza que sentía hacia los otros animalitos, dejó de invitarlos a sus festines.
Con tanta comida guardada, comenzó a comer y comer. Se fue entristeciendo y aislando, día a día, más y más.
La rata se dio cuenta de que era tiempo de dar su golpe final. Se le acercó al hada una mañana y le dijo – No soporto verte, eres patética, gorda y tonta, nadie nunca te querrá porque eres fea. – y se fue, dejándola sola.
El hada no podía creer que su única amiga se haya ido, dejándola sola, pero no podía culparla porque ella tenía razón, no dijo ninguna mentira, en efecto era gorda, estaba fea y era patética. Con tanta soledad y sin ambiciones se sentó en un rincón de la cueva y no se movió más, cayó en un sueño profundo hasta que murió.
FIN.
Moraleja: Si tienes sueños y talentos, síguelos y compártelos con el mundo, no hagas caso cuando alguien quiera apagar tu luz. No seas como el hada.













