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Antes que todo, a Baldie no se le podía llamar aburrido por el simple hecho de no estar saltando en medio de toda esa multitud. A él le parecía hasta extraño que la gente estuviese cómoda violando el espacio personal de otros. Sí, a él le gustaban las fiestas, pero algo más calmado y más reducido; lo suyo no eran los festivales. Y ahí estaba, en una esquina donde logró encontrar algo de comodidad, con su celular en mano y las luces estroboscopicas golpeando su rostro con fuerza. Movía con su dedo pulgar el dash de su tumblr, sonriendo en reacción a algunos posts que se encontraba.











