Quizás había amor, pero no era nuestro momento.
Fuimos muy deprisa, en un apresuro por amarnos, ignorando viejas heridas y cicatrices que aun nos ataban al pasado y no nos dejaban continuar.

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Quizás había amor, pero no era nuestro momento.
Fuimos muy deprisa, en un apresuro por amarnos, ignorando viejas heridas y cicatrices que aun nos ataban al pasado y no nos dejaban continuar.
•| Yo solo quise que alguien me ame, y creí que debía amar primero, puesto que uno recibe lo que da, pero...solo me quitaron.
— sin nada
Habrían protocolos a seguir, pero no seguimos ninguno; normas convencionales, etiquetas sociales, un montón de imposiciones creadas por los hombres y nosotros... simplemente decidimos saltarnosla. Nos estábamos conociendo. Hablamos con cercanía, cómo íntimos amigos de toda la vida, nos dijimos cosas que tocaban el alma. Escribimos romance en simples roces. Yo toque ese cabello que tapaba su rostro, y ella abrazo mi brazo como si le perteneciera. Yo le conté historias y ella sonreía y las tomaba para si.
Aquel momento breve, se convirtió en un infinito perpetuo en mis memorias.
Nosotros Dos y Nuestro Breve Infinito
Me saludó, se me acercó y me dió un beso en la mejilla. Estaba tan hermosa y olía tan bien. Que me hizo sentir como si yo fuera el basurero; pobre, feo y asqueroso.
Ella era perfecta
Me descuidas un segundo y impera el caos. No soy de los que se quedan viendo, soy de los que hacen.
Así que, estate al pendiente de mí.
Que infortunio, encontrarse con el mal y no reconocerlo. Doblando la esquina estaba decidida la suerte. Era un acto sencillo, ensayado cientos de veces, podría salir bien como siempre o... lamentablemente podría salir mal. El truco estaba en haber nacido para esto, siempre listo...porque una eventualidad mínima no esperada y el precio a pagar, sería de muy alto costo. El tiempo haciendo esto, era el suficiente como para determinar, si se podía proceder o no. Un vistazo rápido al entorno, un análisis simple pero meticuloso era todo lo necesario para poner el plan en marcha sin imprevistos.
Todo acto tiene consecuencias, recordaba uno de ellos en boca de su madre, mientras su compañero señalaba una posible víctima y este asentía con la cabeza. Conciencia oscura y corazón frío esa era la ropa a vestir, un arma cargada con determinación y la sangre para no titubear. Apagaron la motocicleta y encendieron el sigilo, era el hábito. Se acercaron sin advertencia y con una oración de dos palabras, sentenciaron.
— ¡entrégame todo!
Si ese momento tuviera nombre sería: "mala suerte" y es que siempre ha sido así, los hombres van por ahí tomando malas decisiones que terminan rodando como papel arrugado por la calle.
Aquel hombre levanto lentamente la mirada y entonces, de manera extraña, se rió.
— jajaja muchacho— dijo despacio y bajo el sombrero que traía, su joven rostro se mostró a la escasa luz de la farola de la calle. — estás perdido.— termino diciendo. Bien pudo ser una afirmación, pero su tono sonó intimidante, y pareció más una amenaza.
— ¡tú eres el que lo estará, si sigues hablando amigo, dame todo lo que traes!. — Con nervios de acero y el profesionalismo de la experiencia, le apunto con aquella arma. El joven, vestía elegancia sin extravagancia encajada en un traje, que solo la gente poderosa de la ciudad podía costear, un reloj de aspecto refinado y un sombrero que ocultaba parcialmente su rostro de manera sutil y con clase. Esa sin duda era el tipo de gente que él más odiaba, así que enfatizó cada palabra que dijo.
— Te morirás, maldito!.
Había leído al sujeto. "Ningún arma" dijo para si, y se sintió confiado, seguro, pero intranquilo. Había algo en ese tipo, que disparaba su alerta interna.
— Ustedes dos, dejen sus vidas aquí. Que desdichados, encontrarse conmigo, justo cuando salía a caminar sin ningún propósito.— aquel hombre no parecía entender la situación, ellos eran los malos y estaban armados, le arrebatarían la vida y aún así le robarían, eso era un hecho. Además, que rayos, decía incoherencias, para ser alguien rico, estaba loco, las 4 de la mañana no era un buen momento para salir a caminar, "¿dejen sus vidas aquí?" Que locura es esa. Con suerte todo terminará en dos minutos máximo. Esto pensaba y su compañero de paciencia corta, ya hartó, hizo lo propio. Dos tiros a la cara y moriría sin sentir lo que pasó. El ruido del disparo hizo eco en a todas partes, pero igual el murmullo de la ciudad se lo tragó y nadie noto nada.
Él no se sorprendió, así funcionaba, tus bienes te son quitados por los malvados y si estaban de buen humor, podías conservar tu vida, si no, tu vida también se iría con ellos, es lo más natural en este asqueroso mundo.
Con cierto orgullo, se jactaba de ser un villano, había que tener coraje para elegir esa vida y a él, le sobraba mucho de ello. Apreciaba siempre la iniciativa de su demente compañero, así, su trabajo era menos.
No sé percató de que había cerrado los ojos unos breves instantes, segundos tal vez, sea como sea, no podía dar crédito a lo que estaba viendo, no podía entenderlo...
Aquel joven seguía de pie, frente a ellos, inmutable e inalterable, sin ningún rasguño. Su sonrisa seguía sobre su cara. Instintivamente, dió varios pasos atrás, miro al compañero, no podía creerlo. Su compañero tenía la misma cara de asombro. "¿Que diablos, no le acabas de disparar en la cara?", pensó. Su amigo levanto el miedo desesperado y la angustia y la descargo con su pistola sobre el jóven citadino. Empezaba a cobrar sentido, lo de; "dejen sus vidas aquí".
— ¡mata a ese maldito!.— grito histérico. Las balas llovieron sobre el jóven sonriente y sin embargo, el chico seguía imperturbable, con las dos manos metidas en sus bolsillos, en un acto desconcertante.
Su sombrero salió disparado y él solo lo siguió con la mirada, le estaban disparando, pero, era como si el viento soplará sobre su cabello. Aquellos tontos ignoraban que, ante ellos se encontraba el gran lobo feroz. El monstruo entre los monstruos, y eso le inflaba el ego. Pudo haber terminado todo aquello con solo parpadear, pero la situación le divertía, así que dejó que continuará aquel pequeño espectáculo.
Dejo de sonreír y los miro serio por primera vez, y había oscuridad y fuego en sus ojos, en ellos vieron la muerte; sus muertes, de tantas formas, que los sentidos de supervivencia, escandalosamente daban toda clase de alarma, gritaban sórdidamente: ¡peligro!.
Cuando el ruido cesó, el tipo fue por su sombrero, caminando de la mano de la paciencia, se inclinó y la oportunidad se presentó, era el momento de huir, de escapar, si se podía escapar de alguien así. El viento resoplaba, la prisa urgía, y el corazón aceleraba tanto como la moto que los distanció de aquel individuo. Su amigo temblaba hasta los dientes, y él, tenía tanto miedo que queria vómitar las entrañas, jamás había vivido algo parecido. Pero agradeció por las tantas veces en las que sus vidas peligraron, por haberles dado un alto sentido de supervivencia, si no, no habría forma en las que sus cuerpos actuarán antes que sus cerebros. Otros habrían quedado presos, paralizados, víctimas del pánico, cómo animales indefensos.
Sea como sea, ¿que diablos había sido todo eso?. Su cabeza intentaba aferrarse al sentido común, a la razón, a lo lógico, a lo que sea que pudiera explicar con un mínimo de sentido aquello, porque de no ser así se volvería loco. Su compañero seguía acelerando y acelerando, de seguir así se matarían, pero era preferible a quedarse a ver que les haría aquel sujeto. Sus palabras no dejaban de repetirse en su mente; "dejen sus vidas aquí".
— ¡¿haz visto?! ¿¡Haz visto!?
— ¡claro que lo he visto, yo estuve allí!
— !dejen sus vidas aquí!— dijo su compañero.— ese tipo es el diablo!, ¡Es el diablo!— osea que no solo él, también su compañero tenía esas palabras repitiéndose en su cabeza. Se sintió mareado, todo era confuso. Pero entre el revoltijo que había en su cabeza una idea llegó rápido, eso le dió un atisbo mínimo de alivio, aquello comenzaba a esclarecerse, un poco.
— deja de decir estupideces, solo estamos bien drogados, ese maldito Daniel, tenía razón! Esa droga que nos vendió era bien fuerte y lo admito, bien buena, tendremos que comprarle más cuando volvamos.
— ¿Que?
— eso explica, el aceleramiento del corazón, las alucinaciones, el sudor en las manos y el porque el maldito estómago se me quiere salir por la boca.— con desespero quería creer que era eso. Tenía que serlo, porque lo otro no podía ser verdad, era imposible. Todas las historias extrañas que escucho en toda su vida comenzaron a sonarles menos locas y más reales. Su amigo comenzó a rezar y balbucear cosas, vómito y siguió balbuceando.
— ¡es el diablo! ¡es el diablo! yo no, yo, no me drogue, no llegue a hacerlo. ¿¡Cómo puede estar vivo?!. Le disparé en la cara y no se murió, ¡oh jesus! Vendrá por nosotros, por todo lo que hemos hecho.
— ¡quieres callarte!.— El mal siempre llega hasta los corazones perversos, decía levemente su conciencia sin voz, aquella que tantas veces mutilo para cometer todo tipo de atrocidades sin sentir remordimiento y poder dormir por las noches. Su cabeza no dejaba de escribir tragedias y empezaba a creerlas. Estaba enloqueciendo. Toda su vida empezaba a parecerle un error, un terrible error.
En la calle perpendicular, cuando el cemaforo cambio, el destino los interceptó abruptamente. Fue un choque rápido de 6 segundos, un impacto poderoso contra un vehículo que iba con la misma o con más prisa que ellos. La moto, giro, rodo y se doblo en forma de "U" por la mitad, desparramando con vistosas chispas todas las partes que la componían en todas direcciones, y de una forma violenta ambos sujetos volaron por encima del techo del vehículo.
Con un golpe seco que le partió varias costillas, una pierna y un brazo, se estrelló contra un poster del tendido eléctrico y su amigo, que no tuvo tanta suerte, fue arrastrado unos metros más adelante medio a medio de la calle, posiblemente con más rupturas que él... Con la columna rota, yacía boca arriba y escupía sangre y aún así seguía balbuceando.
— ¡ahhhh! ¡Aghh! ¡oh! Dios mío, Dios mioooo sálva...me.— el joven citadino estaba frente a él, suspendido a escasos metros del suelo, mirándolo, con ambas manos en los bolsillos.
— me abandono a mí por intentar ser como él. ¿Y no te abandonará a tí por ser como yo? ¡Vamos Javier!— dijo, e inclinado como estaba, flotando en el aire, levanto la cabeza en dirección al otro tipo que había corrido con más suerte.
— ¿¡tú, tú, sssabes mi mimi nonom, nombre!?— dijo, espantado y sorprendido, con dificultad, sintiendo que se moría. Estaba convencido de que él, en definitiva, era el diablo, si no, ¿cómo demonios llegó hasta allá?. Ellos lo habían dejado demasiado lejos, unos dos kilómetros de distancia, tal vez.
— Soy el mal, yo lo sé todo.— como si fuera un trapo lo levantó con una mano, mientras seguía con la otra en el bolsillo, agarrándolo del cuello, sus pies tocaron delicadamente el suelo y camino en dirección al poster del tendido eléctrico, donde yacía en el suelo, el otro.
"El diablo camina entre los hombres". Pensó; siempre vió esa frase como un simbolismo que representaba el mal en el corazón de los hombres, pero nunca creyó que fuera literalmente. Ver a este tipo, levantar a otro que a simple vista tenía el doble, no el triple de cuerpo que él, sin el mínimo esfuerzo, con una mano y caminar como si nada, con una actitud amenazante y un aura que anunciaba la muerte, le llenaba de horror, de miedo, se le iba la conciencia, sentía que se desmayaría en cualquier momento, quería huir, debía huir, pero no podía, se lo impedía las múltiples fracturas que tenía. Ciertamente, no se puede escapar de alguien así. Pensó. ¿A dónde iría?.
Giro la cabeza y vió a otro hombre a la distancia, tenía las manos en la cabeza y se le veía agitado, entonces entró en el carro a su lado y con un rechinado de gomas, se fué. No necesito de mucho para entender que aquel hombre, era quien los había embestido y ahora se daba a la fuga.
— ciertamente, no lo sabían, pero...cómo dije antes, están perdidos. Es una osadía, un atrevimiento, una estupidez; amenazarme, intentar asaltarme, pero más que eso creer que podían irse luego de faltarme el respeto. Ignorar mis palabras trae repercusiones. Les ofrecí una muerte simple, pero me obligan a ser creativo. Ustedes le dan propósito a mi existencia.— termino diciendo, mientras miraba al tipo en suelo. El viento susurró malas cosas y lo que venía no era bueno. El mal estaba en todas partes y es absoluto esto; nadie escapa de el.
—¿Que?— le dijo, al que sostenía por el cuello—No te escucho— se lo acerco hasta el oido—¿Te duele?. No te atrevas a morir, sin mi permiso.— aquel sujeto, bien podría estar muerto o aún con vida, lo que si era muy cierto es que, estaba roto por todas partes y agonizaba de dolor. Lo alzó nuevamente mostrandolo a su amigo...con la sencillez con la que se saca algo de un saco, asi le sacó la columna vertebral por la espalda. Desde el suelo, la expresión en el rostro de aquel hombre que sabía que pronto sería su turno, se acentuó significativamente. El cuerpo insistía en hacer toda clase de movimientos brusco y violentos, y la sangre cubría de manera aparatosa toda la calle, no dejaba de caer y ensuciarlo todo. Menos el traje y los zapatos de quién lo sostenía.
— ya me aburrí— dijo, y tomó a su víctima como si llevará una maleta, arrastrándolo, sosteniendo por la columna a aquel pobre infeliz sin suerte, sin ningún esfuerzo lo tiro al lado de su amigo.
Escupió, sobre la hierba, y de su saliva un humo negro empezó a alzarse, anunciando un fuego que efectivamente no tardó en aparecer. Llamas negras y azules se comían toda la hierba, la incineraban y avanzaban por la pierna del otro sujeto. Dicen que cuando mueres, no sientes miedo, dicen que tu vida pasa ante tus ojos, dicen, pero no es verdad...todo lo que sentía en ese momento era miedo, un miedo atroz, y lo que veía ante sus ojos no era su vida, si no su muerte, una muerte espantosa.
El fuego sobre su pierna, pesaba, pesaba una infinidad, tanto así, que el hueso no pudo soportarlo más, se astillo y se rompió brutalmente. Imaginarse el dolor que sentía ese sujeto, era imposible. Su agonía era tal que, se desmayo. El fuego seguía devorando su pierna sin compasión alguna. Este era un fuego normal, pero solo en apariencias, quemaba cómo la lava y pesaba con el acero. En pocos segundos, ya le había destrozado y quemado hasta el hueso, y seguía avanzando, subiendo, comiéndose la carne del infame inconsciente.
— ¡oh! ¡Mierda nooo!!— gritó sobresaltado, espantado a Daniel y Samuel.
— ¿¡Que diablos!?, ¡Estás loco maldito idiota!— dijo Daniel, mientras observaba y toqueteava el celular que le habían traído, estos dos. Samuel se le acercó, y le quitó la colilla encendida de un, mal enrollado e improvisado cigarro.
— mierda, Isaías, ¿tan buena es esta mierda?, Déjame probar joder.— Isaías había vuelto de un trance, una alucinacion increíble, provocada por la droga que, recién le había dado un jalón tan hondo, que lo había dejado paralizado inmóvil, viendo la nada, mientras lloraba con el corazón latiendole a mil. Se sintió aliviado y hasta sonrió. Se pasó la mano por la cara y estallo en una risa salvaje y descontrolada.
— jajajaja ajajajajaa ajajaja.— aquella vivencia tan aterradora fue la cosa más horrorosa que jamás había sentido en toda su vida. Era un alivio, que solo fuera un mal sueño, una maldita pesadilla. Miro a Samuel irse hasta el sillón más próximo dándole la espalda, y pensó en la imagen grotesca de un Samuel sin columna tendido como un trapo sobre la acera.
— ajaja este maldito, grita con una cara que da más miedo que encontrarse al cuco de noche, y luego se ríe solo, como si le contarán el mejor chiste del mundo. Esta mierda debe ser buenísima.— Termino diciendo Samuel y poniéndole los labios al cigarro le dió un jalón y se hundió sobre el sillón satisfecho.
— he tenido la alucinacion más jodida de todo el puto mundo. — Daniel le miró y sonriendo le preguntó:
— ¿alucinacion?— cuando dijo esto, su rostro empezó a cambiar, y junto con el todo el entorno. Se encontraba nuevamente con el citadino, quién le miraba complacientemente. Se había desmayo brevemente por el insoportable y agonizante dolor.
El supuesto Diablo, se alzaba sobre la cúspide misma de la arrogancia y no ponía ningún empeño en disimularlo. Este sabía créer que, cuando la desesperación estaba en su punto máximo, es justo ahí cuando el espíritu humano es más vulnerable y porsupuesto, tenía razón. Por ello aprovechaba para proyectarles sueños en medio de la inconsciencia y hacerles créer que estaban a salvó, que todo era producto de un mal sueño, que todo estaba bien. Era lo que veían en ese pequeño trance que, cuando se desvanecía, los quebraba mentalmente, terminaban exhaustos, débiles, a merced de la muerte suplicando que los alejé de él.
Por capricho, porque lo había disfrutado bastante y por aburrimiento, aquel hombre al que llamaban Diablo, extendió la mano al aire y como si agarrará algo cerró el puño y el hombre en el suelo se retorció sintiendo el dolor más inhumano e indescriptible, en el pecho. Le aplastó el corazón.
Ya no sentía dolor, ya no palpitaba nada, ni se oía nada, solo sentía el frío, cosa que no podía entender, porque, ¿cómo es que pierdes la sencibilidad y aún así, sientes frío?. La vida se le iba y sus ojos se apagaban, lo último que vio antes de que la noche callera sobre él, fue a aquél hombre que se desvanecía como el humo y desaparecía, quedando solo la calle, el cemaforo cambio de rojo a verde, luego a naranja y nuevamente a rojo, se preguntaba si tendría algún buen recuerdo al que ir. Pero no había nada bueno para recordar. Solo cosas como; "somos escoria, moriremos y nadie lo notará, cómo basura que rueda cuesta abajo arrastrada por la lluvia" palabras de su mejor amigo, al que mató por una mujer. "vivirás una vida de arrepentimientos, llena de penas, tristezas y lamentos y tendrás una muerte tan terrible, que hasta el diablo tendrá partida en ella" su madre, la que siempre insistía en que dejara ese trabajo de mala vida nocturna. Que un día, le pasaría factura, por todas las cosas malas que ha hecho. Se preguntaba si debió escucharla, pero pensó; "Nahh! Solo fue mala suerte" "malo una vez, malo para siempre y que el infierno me espere". El cemaforo cambio otra vez. Pero ya no había nadie viendo, solo dos cadáveres tendidos a un lado de la calle.
No tires piedras, menos si tu casa es de cristal. No soy de provocar, soy más de reaccionar.
Pateare tu puto culo, hasta el maldito fin del mundo
Junte mucho coraje, e intenté impresionarte, me lance a locuras de las que me considere incapaz de hacer, por qué quería tu atención, porque quería tenerte junto a mi un momento más. Mentí, engañe, robé, peleé, por tí. Quemé el cielo, seque el mar, quebré la tierra, derreti los glaciares, junte los emisferios y voltee el horizonte solo por tí. Y sería capaz de más.
¿Dime entonces, porque es que quieres irte?