Amiga, te encontré aquí sin querer.
Leí tus cartas y casi lloro porque ¿cómo es que escribes EXACTAMENTE lo que yo también siento?
No quiero meterte presión ni nada, pero... déjame ayudarte, ¿sí?
Tú pones el tema sobre la mesa y yo te acompañola desmenuzarlo como siempre.
Cuando puedas, date una vuelta por mi Insta —prometo que tengo unas ideas que te pueden servir.
No estás sola, ¿eh? Aquí ando.
No puedo creer que me hayas encontrado aquí… me dio un mini infarto cuando leí tu mensaje, no voy a mentir. Pensé que este blog iba a ser mi escondite secreto por un ratito, pero ahora que sé que estás del otro lado, se siente menos aterrador escribir.
Gracias por leerme, en serio. A veces siento que estoy hablando sola en un cuarto oscuro, así que saber que tú estás aquí —como siempre— me calma un montón.
Y sí… sí quiero tu ayuda. Sabes que yo pongo el drama y tú encuentras la forma de ordenarlo sin que me dé vergüenza.
Voy a pasar a tu Insta, lo prometo.
Gracias por estar aquí, C.
De verdad. Siempre.