Tener ganas
Algo de curiosidad me da saber en qué fue lo primero que pensaron con el titular. Quiero saber. Y ya que lo pensaron, piénsenlo mucho, por un buen rato y tómense el tiempo necesario para disfrutarlo porque “tener ganas” de lo que sea, viene y vendrá siempre muy bien.
Tengo ganas (ahora mismo) de escribir, de conversar, besar y abrazar mucho, de quedarme en casa entre semana, de no vivir una vida monótona que lo único que hace es acabar por completo con las ganas.
Tengo ganas también a veces de mandar todo al carajo, de no darle importancia a lo que no lo tiene, de no ser diplomática o gentil por simple cordialidad. Más bien, por el contrario, me dan ganas de querer más abierta y profundamente (siempre y como ya quiero) y de hacérselo saber más a menudo a quienes haga falta. Tengo ganas de crear, creer y confiar. De no temer.
Tengo ganas de olvidar(me) de las cosas que me han hecho mal, de llenarme de buena energía y estar lo más lejos posible de la idiotez (en cualquiera de sus formas). Tengo ganas (siempre) de tomar otros caminos, de experimentar, de verme (y sentirme) de otra manera en el día a día que algunas veces puede ser tan agobiante; de ir lento pero solo para vivir más, para asombrarme e inspirarme con lo que vea, lea o escuche; nunca tener más tiempo para aburrirme ni quedarme (literal y no literalmente) en un mismo lugar.
Tengo ganas de celebrar, de compartir, de seguir en la buena con la vida y con las personas a mi alrededor, de ser honesta, de no hacer daño ni permitir que me lo hagan, de caminar, ir de viaje, bailar, llevar mi cámara fotográfica a todos lados y conocer más y más lugares.
Tener ganas de una y varias cosas a la vez como una manera simple (y saludable) de hacer con intensidad lo que uno quiere porque llena, da felicidad o es tan poderoso como para hacer que todo alrededor desaparezca o se suspenda. Tener ganas como una manera simple de decir lo que haga falta para (como si fuera poco) desahogarse.
Tener ganas también de contradecir, de no aceptar todo porque si, no tragar entero, de discutir si hace falta, para intentar que las ganas (y la fe, la motivación o la confianza) se mantengan o permanezcan intactas.
Tengo ganas de que estas y otras ganas no se me quiten, de no dejar de tener esa sensación que solo producen… las “ganas”.









