Cardo y Decumano
Hay una pared. Negra. Manchada. Y arañada. Hay una espada. Decidida. Sucia. Y odiada. Me hallo entre ambas. Tienen mi control. Y a mi sombra envenenada la persiguen: Miedo y Dolor.
Mi desnuda espalda está dolida y machacada, mi delgado cuerpo está sangrando y abierto: herida y acero.
¡Ojalá y no! Quisiera que fueran tus manos talentosas las que hundieran mi vientre. Habitado por hormigas, mariposas y seres hambrientos de amor.
Y qué hago, ¿qué hago si en cualquier decisión me atraganto?
Si en mis decisiones te suelto de la mano, quiero que sepas (lo digo serio y sin cantarlo) que cuando vea una curva en mi camino lo haré con la ilusión de volver a cruzarme con el tuyo.
[2015]


















