Dejamos ir personas, oportunidades, sueños y deseos muchas veces por desidia, orgullo, soberbia, por falta de fe y porque a veces es más fácil hacer eso que poner a prueba el deseo ferviente de hacer lo que más se quiere.
Si supiéramos o nos diéramos cuenta que la vida es tan breve como un suspiro y que muchas veces nos hay segundas oportunidades para realizar lo que tanto se soño, quizás haríamos más y lo necesario para generar y realizar que se haga realidad lo que se imagino.
Pero a veces el orgullo se viste de dignidad y la nobleza y humildad los echamos por la borda porque preferimos estar muertos en vida, que doblar las manos ante lo que nos puede proporcionar felicidad y logros.
Somos seres humanos, erramos en el camino, en el intento de ser más y mejores y por ende, eso no nos libra de volver a tropezar con la misma piedra.
Leregi Renga

















