Los cánones de la inteligencia.
La RAE define canon como:
Del lat. canon, y este del gr. κανών kanṓn.
3. m. Modelo de características perfectas.
Comprendiendo entonces la lógica de la palabra canon me permito abrirme paso en las tempestuosas aguas de la opinión pública para hablar de cómo hoy en día las interacciones en redes sociales se han vuelto la nueva manera de medir y catalogar la inteligencia ajena.
Para este punto, es probable que el que me conozca esté diciendo “ahí está DesGrecia, escribiendo un texto para justificar su absurda cantidad de selfies diarias” y la verdad es que tienen razón, pero esto poco tiene que ver conmigo al final del día y más con esos nuevos jóvenes que creen en todas las infografías que saca a la luz otro millenian enojado porque su selfie solo obtuvo 5 likes.
Remontémonos entonces al 2015, en resumidas cuentas estaba sufriendo por un despecho monstruoso y en medio de esa tusa tan brava me había peleado con más de la mitad de mis amigas, lo cual resultó en las inevitables y modernas (millenians) indirectas por Facebook, una de las mejores fue “En persona no eres de 500 likes” que le dio vida a la siguiente foto, que tuve por 4 microsegundos como foto de perfil en whatsapp porque soy malísima peleando con mujeres (me falta garra).
Ojo, eso es el 2015, donde yo era un coctel de últimos vestigios de juventud adolescente, sumado a un despecho bravo y multiplicado por el auge de la palabra “innovación”(Esta aclaración es, claramente, una manera de evitar que me juzguen por usar mi photoshop para fines tan banales, por otro lado ese año fue en el que en Crear o Morir, Andrés Oppenheimer me guió un poco a lo que vendrían siendo los años venideros).
Entonces, digamos que en el 2015, las selfies eran relevantes al igual que los likes, pero ahora, hemos comenzado el 2017 y me he dado cuenta de que existe una nueva tendencia, y es la tendencia de la desidia a la selfie, y esta es la razón por la que escribo esto. Esta semana ocurrieron varias cosas, entre las más importantes leí una infografía sobre las múltiples inseguridades de las personas que suben más de una selfie a la semana a sus redes sociales (para este punto me quedaba clarísimo que el que hizo la infografía no puso simplemente que subían selfies porque él/ella probablemente sube al menos una a la semana) y por otro lado sucedió que por primera vez mis selfies pelearon con mi profesionalismo, por decirlo de una manera coloquial “me quitaron seriedad”. Comencé entonces a cuestionarme ¿en qué momento el sentirse a gusto con el rostro propio se volvió un sinónimo de ignorancia, ineptitud, falta de compromiso o talento?, estamos en pocas palabras entrando en esas nuevas modas de crear preceptos para los comportamientos de nuestros contemporáneos.
No les miento, cuando me enteré de que pasé por infantil (narcicista, poco profesional y quién sabe qué más cosas) me entró un desasosiego gigante, mi cerebro entró en modo constructor para probarle al mundo que yo era algo más que mi cara, empecé a indagar y a preguntarme con qué música neoconceptual podría contrarrestar mi derroche de mi misma en mi perfil personal, y ahí vino la brillante respuesta ¿por qué tengo yo que comprobarle al mundo algo?, venga, no me las quiero dar de revolucionaria del pensamiento y la dignificación de la selfie (ojo que me inventé este termino) pero si me parece estúpido que algo tan banal como una foto se tenga que volver un puente efímero entre las relaciones profesionales (ojo, no son fotos en tanga (aunque las niñas en tanga también tienen su público), son fotos donde me enorgullezco de que el eyeliner me salió bien).
Ahora, al principio les dije que esto al final del día tenía poco que ver conmigo y más con los jóvenes que se creen toda la papilla que escribimos los pseudointelectuales en redes (porque créanme que las opiniones van a ser las selfies del 2018, “si escribes más de una opinión al día tienes un desorden mental”... ya puedo ver los artículos) y esto me lleva al día de ayer, un día muy lúgubre para las personas que viven en mi mismo conjunto, un niño de apenas 14 añitos decidió acabar con su vida, y me pongo a pensar, que los niños de ahora se enfrentan a un mundo donde todo está mal y aunque podría hacerse mejor en realidad no se puede, entonces, te gusta tu cara, mal, no te gusta tu cara, mal, te gusta escribir, mal, no te gusta escribir mal. O eres un egocéntrico pedazo de narcisista o un aislado social, pero las dos no, porque o vives de tu cara o de tu nostalgia artística, entonces, por los dos lados seguimos separándonos, quebrantando las relaciones sociales. ¿Será por eso que se murió Zygmunt Bauman? ¿será que no quiso ver más como su teoría de la modernidad líquida se cuajaba y se cuajaba?.
En conclusión, después de divagar tanto, entre historias y sentimentalismos, no más conexiones, ¡si! a las relaciones, que las redes sean esos portarretratos de lo que nos gusta, de lo que nos hace sentir orgullosos, de lo que disfrutamos, pero volvamos a apostarle a las relaciones, a conocernos, a hablar. Dejemos de crear perfiles de los demás por sus redes y salgamos a tomarnos un cafecito, al final del día, yo me acuesto tranquila sabiendo que los que me conocen saben por qué me río en mis fotos, por qué me gustan mis ojos, de dónde vine para llegar a atesorar mi cuerpo, y a la vez también saben qué leo, qué estudio, qué hago y por qué lo hago bien (porque créanme detractores, yo estoy segura de que lo hago bien).
Eso es todo por el día de hoy, les dejaría una selfie pero no quiero parecer agresiva ;).
Pico y chao.