Bendito sea el arranque de tu vida deslumbrada y cálida, ansiosa de apartar lo que conoces. Corre, huye, no detengas tu paso junto a ninguna fuente. No mires los estanques –mis ojos–, ni siquiera los ríos –mis brazos–, muchísimo menos la mar: mi boca fría y melancólica. Espérate a ti mismo en las locas encrucijadas del futuro. ¡Vete ya contigo!
Carmen Conde












