seen from Belarus
seen from United States
seen from China
seen from Kazakhstan
seen from China

seen from Belgium

seen from Kazakhstan

seen from Germany
seen from Germany

seen from Sweden

seen from Sweden

seen from United Kingdom
seen from China

seen from United States

seen from China
seen from China
seen from United States
seen from Germany
seen from France
seen from Malaysia
Y esa fue su forma de despedirse.
Los días amargos pueden ser grises, y los días grises pueden ser amargos.
Indeleble.
Quise quedarme, lo juro, solo una vez más,
pensando que el tiempo, amor, jugaba para los dos,
pero cambiaste tu jugada, sin avisar,
y se cayó la promesa, se hizo añicos la voz.
Ya no hay culpa o remordimiento en tu mirar,
ni un atisbo de pena al verme llorar.
Solo queda el eco seco de una orden brutal:
"Vete de mi casa, no quiero pasar otra noche más."
Gracias, amor mío, por este cruel favor.
Solo me recuerdas la verdad de mi dolor:
Que no pertenezco a ningún lugar,
nacida para marchar, nunca para anclar.
¿Irme para no molestar?
¿Quedarme solo para incomodar?
Mi vida es un constante deambular,
una sombra que teme demasiado amar.
Deambulo en la vida de las personas,
poco rato, para no oprimir;
poco tiempo, para no molestar.
Siempre en guerra con el mundo, de frente y a solas,
por no permitir que me vengan a pisotear.
¿De qué me sirve, dime, tener tanta dignidad?
Si a la primera de cambio me podés quebrar.
Y en un instante, con una sola verdad,
Me haces sentir que no merezco ser amada,
pero yo me llevo mis pedazos, mi verdad.
Y cuando el eco de mi ausencia te golpee,
sabrás entonces, amor, la cruel falsedad
de la culpa y el remordimiento que hoy no sientes.
Y será tarde para rogar que me quede una vez más.
Siempre termino siendo yo la que pierde aunque no sea yo la que lo busque.
Duele como la mierda siempre volver al mismo punto.
Dar todo y no recibir nada más que indiferencia y mil y una maneras de humillación.
Llovía, pero era más fuerte la tormenta
que me atormentaba por dentro
Un mar de emociones que no podía calmar
un huracán de pensamientos que no podía detener
La lluvia caía suave, pero mi alma gritaba
un lamento silencioso que solo yo escuchaba
El viento susurraba secretos que no podía entender y mi corazón latía con un ritmo que no podía controlar
La tormenta dentro de mí era más intensaque la que azotaba el cielo con su furia
Pero en medio del caos, encontré una calma una luz que brillaba en la oscuridad que me envolvía