«Ahora resulta fácil entender por qué la relación de seres humanos con un Supremo de tipo personal cae bajo leyes completamente distintas que la establecida con un Supremo impersonal. La forma del suprematismo personal conlleva que los pensantes y creyentes en relación con Dios sólo puedan ocupar el puesto de vasallos o colaboradores; si no, sólo les queda el descabellado papel de incrédulos y objetores de conciencia. Lo quieran o no, la suprematización del Dios personal asigna de modo totalmente inevitable a los seres humanos un nivel inferior. La asimetría más importante entre señor y servidor se expresa en el hecho de que Dios, incluso como revelado, permanece inescrutable para los seres humanos, mientras que los seres humanos no pueden tener ningún secreto ante Dios. Las asimetrías cosmológicas y morales son abrumadores en igual medida: las competencias de Dios se extienden al universo entero, mientras que el ser humano a menudo ni siquiera consigue mantener en orden su propia vida.»
Peter Sloterdijk: El celo de Dios: Sobre la lucha de los tres monoteísmos. Ediciones Siruela, págs. 91-92. Madrid, 2011
TGO
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