«Con el islam entra en el escenario histórico religioso el tercer monoteísmo exclusivo. Su posición viene determinada por el hecho de que se entendió a sí mismo, y hasta con énfasis, como la estampación más tardía y perfecta del complejo-Dios-Uno abrahámico. El islam considera su llegada tardía como su oportunidad espiritual más preciada, ya que reclama para sí el privilegio de tener una perspectiva de conjunto de los caminos erróneos, supuestos y reales, de ambos monoteísmos predecesores, y de corregirlos. Por eso los clérigos musulmanes llaman “sello de los profetas” al fundador de su religión. La idea de corrección en el proceso de las manifestaciones monoteístas es constitutiva del islam, dado que permite hacer de la necesidad de la no originalidad la virtud de la clarificación tardía.»
Peter Sloterdijk: El celo de Dios: Sobre la lucha de los tres monoteísmos. Ediciones Siruela, pág. 44. Madrid, 2011
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