Llegamos a Lima 6:30am una hora antes de lo previsto, ya en el aeropuerto nos abordaron para ofrecernos en que gastar nuestro dinero, en este caso era para el transporte hasta nuestro hotel. Uno de los choferes acepto bajar su propuesta inicial y así nos sumergimos en Lima. El tránsito a las 7am ya es una locura, el orden lo imponen con el frente del auto y la bocina. Estas no paran de sonar y se confunden con los pitidos de policías de transito que intentan con poco exito regular el pasaje en los semáforos.
El conductor al mismo tiempo que esquivaba autos, motos y camiones insultaba a otros conductores y nos daba consejos sobre qué hacer en Perú. ‘‘En Lima no se queden más de dos días no vale la pena, 48hs da sobrado para ver todo lo que hay. Tienen la plaza principal, la catedral y el barrio chino. Con eso tienen suficiente''
Llegamos al hotel dos horas antes de lo previsto, por lo que la habitación aún no estaba lista y nos ofrecieron desayunar mientras esperábamos. Así lo primero que probamos en Perú fueron unos deliciosos panes calientes, jugo de naranja recién exprimido y una taza que desbordaba cafeína.
El hotel estaba a una cuadra de la plaza de Armas, cruzamos un pasaje que daba a la plaza y metimos solo la nariz en la catedral. Caminamos por calles peatonales hasta que llegamos a la típica puerta que indica la entrada al barrio chino. Aquí son las personas quienes mandan en la calle, los únicos vehículos con ruedas que circulan son carros llenos de mercadería que van trotando de local en local.
Ahí ya nos dimos cuenta que trotar era una costumbre muy arraigada, carreras cortas sin explicación aparente.
Saliendo del barrio chino llegamos al mercado de abastos, una manzana entera de coloridos puestos, donde se mezclan aromas de frutos, pescados y carnes. Una bolsa de diez kilos de camarones golpea una palangana azul, un puesto con más de quince gallinas peladas y colgadas, cabezas de cerdo, carne de res y puestos que preparaban ceviche donde comen los trabajadores del mercado. Todo esto mantuvo nuestro apetito alejado por un rato. Al salir el sol ya pegaba fuerte en nuestras cabezas y decidimos ir en busca de un parque cruzando de sombra en sombra.
En esa búsqueda llegamos a “la calle de las extensiones de pelo, carteles de compra y venta de cabello, y hasta una concurrida peluquería instalada sobre la vereda. En la esquina una señora pelaba higos de tuna de diferentes colores que decidimos probar, nos dijo que los rojos eran los más ricos y ahí mismo nos pusimos a comer. Mientras comíamos un policía se acercó y nos ofreció sacarnos una foto. El sabor dulce y la suave textura del higo abrieron definitivamente nuestro apetito. Seguimos camino al parque mirando en cada huequito para ver donde nos tentaba el almuerzo.
Cuando llegamos a las espaldas del palacio de justicia nos sorprendimos en una pequeña plazoleta con varias sombrillas que cobijaban máquinas de escribir, eran puestos que ofrecían redacciones.
En la esquina de la plazoleta el esperado huequito que por unos pocos Soles nos ofreció una deliciosa ensalada de palta, con frescos cogollos de lechuga, tomates y jugo de lima, lomo saltado con cebolla colorada, el toque justo de cilantro y un poco más de lima. Para beber agua de cebada.
Luego de cargar nuestras energías seguimos camino al Parque de las exposiciones, al llegar nos encontramos con el museo MALI cerrado por lo que el paseo culminó con un breve descanso en la sombra del parque comiendo ciruelas. De regreso al hotel un poco perdidos pero sin desesperar paramos en la sombra de otra plazoleta, donde comentamos sobre lo fuerte del gen indígena que marca los rasgos de casi toda la población. (Eso sumado al hecho que a la llegada de los españoles aproximadamente 9 millones de indígenas habitaban Perú, Bolivia y parte de Argentina)
En la noche ya listos para dormir una acumulación de gente llamo nuestra atención, nos acercamos y al llegar unos pequeños anfiteatros con varias parejas bailando en el centro, cuando la música se cortó una voz tranquila presentó a Milagros Vivanco “la sexy” que con su vestimenta de colores brillantes y figuras indígenas, cantando nos entretuvo durante todo su show. Así cerramos nuestra primera jornada en Perú.