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Reseña: Distrito Olvido
Distrito Olvido nos muestra el Nuevo León que la élite no quiere que veas, el que pareciera que no existe y que, sin embargo, permanece, el que vive en los prejuicios de la gente y que, por tanto, se ignora.
Nos muestra el Nuevo León que hereda su estado de exclusión, el que vive en la periferia y convive a diario con las fallas y múltiples violencias del capitalismo, desde los larguísimos (y no siempre seguros) trayectos para ir a la escuela hasta el abandono de sus sueños, de sus familias.
Sus protagonistas son jóvenes que han sido marcados de una u otra manera por la violencia, no sólo la del crimen organizado, sino también la del sofocante mundo que los rodea.
En Distrito Olvido no hay lugar para la fe (lo más cercano a ella parecen ser esculturas de la Santa Muerte) ni para ninguna otra institución: mientras la ley los criminaliza y agrede, la falta de oportunidades enmarca la ausencia del Estado.
Y, sin embargo, estos jóvenes se resisten a la violencia y a la revictimización al apropiarse de sus narrativas, en las que desbordan una sinceridad tremenda, al igual que momentos de jovialidad y entusiasmo (pienso sobre todo en los instantes finales con Sower, quien es el alma de la película).
La propuesta del director Thom Diaz va un paso más allá pues decide confrontar al espectador cuando en determinadas escenas los personajes irrumpen sus acciones para mirar directo a la cámara. Brindarles la oportunidad de regresarnos la mirada es al mismo tiempo un acto de reivindicación y resistencia.
Define además la postura del hombre detrás de la cámara y nos permite observar con mayor atención lo que sucede pues ellos no sólo reconocen que los estamos viendo, sino que nos están permitiendo entrar en su mundo.
Es entonces Distrito Olvido una oportunidad para no juzgar.
Disponible hasta el domingo en: https://streaming.giff.mx/film/distrito-olvido-oblivion-district/
Esta reseña fue publicada originalmente en mi perfil de Letterboxd: https://letterboxd.com/sergioosvaldo96/film/distrito-olvido/1/
La libertad del diablo
En un ejercicio catártico, el director Everardo González retrata en un documental a víctimas y victimarios de la violencia en México. Madres, hermanos e hijos de desaparecidos, sicarios, policías y militares narran su dolor, vergüenza e ilusiones bajo el anonimato de una máscara de tela comprimida color nude, que recuerda a la que usan personas con quemaduras.
El eje primordial del largometraje son sus crudos testimonios, los victimarios te hablan de poder, dinero y una ilusión de estatus y pertenencia, “no conocía nada más, era bueno matando”. Las víctimas hablan de desilusiones, persistencia y la búsqueda permanente de consuelo: “me aterra saber que llegué tarde a salvar a mis seres queridos que murieron pensando que estaban solos”. Algunos hablan de perdón, otros de venganza.
Sin emitir juicios morales, La libertad del diablo nos guía a una especie de círculo dantesco en el que vagan todos aquellos perdidos en una violencia sistemática que los planta a todos en un mismo nivel, la violencia es la única que empareja las clases sociales. En México nadie se salva de ella; se vive de ella, se trabaja de ella. Y como cualquier trabajo puede llegar a ser muy lucrativo: “de 50 mil a 60 mil pesos por persona” o en contraste no valer nada “200 pesos, eso costaba una vida”, narran los protagonistas.
La libertad del diablo es ganadora de múltiples premios: en el Festival de Cine de Morelia, Festival de Cine de Guadalajara; y de tres galardones Fénix: como mejor documental iberoamericano, música original y fotografía.
Acude a ver la película con una mente muy abierta y relajada pues puede abrirte un panorama en el que no se resiste mantener por mucho tiempo la mirada ya que puede resultar tedioso los close up larguísimos de sus protagonistas entre testimonio y testimonio. Y no porque no se entienda la intención del director de afrontar la realidad sino que se carga con la impotencia de que nada se puede hacer para cambiarla.
La máscara da la libertad de que sus protagonistas hablen del diablo, pero también puede arrebatarles su último atisbo de dignidad. No es spoiler decir que en la escena final uno de sus personajes se quita la máscara y enfrenta con todo su ser al espectador, ese momento salva el documental para que este no quede solo como una recolección de testimonios de dolor y violencia sin consecuencias. Hay redención.
Por Luisa García
La libertad del diablo México, 2017, 74 minutos Director: Everardo González Guionista: Everardo González
Todos somos Toño
Presunto Culpable, el documental mexicano más visto en los últimos años, estrenó el fin de semana pasado. Esta película, narra la drámatica historia de José Antonio Zuñiga, un joven mexicano sentenciado a 20 años de prisión por un crimen que no cometió.
La historia reconstruye el proceso que llevó a sus abogados defensores a reabrir el caso para demostrar su inocencia. No hay peor combinación que estar en el lugar equivocado, en el momento incorrecto y de vivir en un país con un sistema de justicia arcaico, en el que de primera instancia eres culpable.
Pero más de tres años en la cárcel, no devastaron el espíritu de Toño. Al contrario. Notorio resulta el nulo resentimiento hacia su irremediable destino. Algo que todos deberíamos aprender de él. Aceptar nuestro propio holocausto, hacernos responsables de lo que pedimos y afrontar la vida como un regalo que tenemos que moldear como mejor nos convenga.
En ese espejo nos miramos todos. Hombres, mujeres. Mexicanos y seguramente cualquier otra nacionalidad. Esta cinta pone el dedo la herida de un país que ha aguantado mucho en un momento en el que el silencio es un recurso insípido.
Vayanla a ver, neta