Es un reconocimiento explícito que, a pesar del nuevo reglamento de Cruzada de 1751, y que la Bula de la Santa Cruzada era una expresión más del regalismo ibérico, el paseo, el depósito y la predicación del documento era una de las formas que tenía Roma de construir una memoria soberana de sus pontífices y su poder temporal en espacios distantes. Si bien esa memoria era fragmentaria y discontinuada e, incluso, al insistir reiteradamente que la ceremonia debía seguir la “decencia” del rito pues estaban involucrados los simbolismos romanos, a contraluz, y como suele suceder con los textos normativos, daba cuenta de la precariedad inherente de esa recepción ceremonial.
Rafael Gaune, “Según la mente de su Santidad: intersticios romanos y memorias soberanas en las Bulas de la Santa Cruzada (Chile, siglo XVIII)”. Historia Unisinos 21:1 (Abril 2017): 92.











