Carlo Ginzburg estaba preparado, como se podrá leer en los próximos párrafos, para realizar o intentar realizar una de las mayores tareas del oficio de la historia, la más compleja y ambiciosa, la más hermosa y generosa: la tarea de devolver la vida a los muertos, la de resucitar a quienes ya habían pasado de este mundo, dándoles la posibilidad de que se instalen entre nosotros y se vuelvan nuestros contemporáneos, ofreciéndoles una nueva posibilidad de hablar y contar, ofreciéndonos la oportunidad de escuchar y preguntar con una curiosidad cargada de cuatro siglos de eso que llamamos historia.
Rafael Gaune y Claudio Rolle, “Desde I benandanti a Menocchio. Un juego de paciencia conjetural y contextual (Italia, 1966-1976).”, en Taller de Letras 62 (2018): 109.

















