Relato:
El día comienza con un cigarro de mi mamá, es su despertador, las ansias de fumar; desde mi cama lo huelo y me molesta, porque fuma adentro, desde su cama; menos mal tiene una ventana grande al lado donde se retira la mayor parte del humo, pero lo que queda, llega hacia mi. Es el único cigarro del día que me molesta, ah, y el de tarde en la noche, cuando también estoy acostada. Mi mamá siempre ha fumado mucho, una cajetilla y media diaria. Yo soy la hermana mayor y en la pubertad y adolescencia también fumé, pero cómo hace un año y medio lo dejé, me sentía sucia y me empezó a dar asco, el olor en la ropa y las manos sobre todo. Mi hermano chico, dos años menor que yo, León, también fuma, pero él fuma tabaco y en las noches, religiosamente. Somos solo nosotros tres quienes convivimos, lo que me convierte en la única no fumadora de la casa. Mi mamá es pintora y tiene su taller en la casa, por lo que a lo largo del día se está moviendo por todas partes y haciendo millones de cosas, pero siempre con un cigarro en la mano, me sorprende eso, porque cuando yo fumaba, para mi significaba un momento de detenerse, de estar conmigo misma, de pensar; no lo hacía por el vicio, de hecho, no me costó en absoluto dejarlo, siendo que fume unos siete años más o menos, no es poco. Ella claramente lo hace por la necesidad veo yo, no disfruta los cigarros, yo creo que ni siquiera es consciente de que lo está haciendo, solo lo hace; por otro lado está León, que se hace su tiempo para fumarse su cigarro, él se va a la terraza en medio de la noche, se hace un vaso de bebida, agua o lo que quiera tomar, y se va a la terraza por más frío que haga; a hacerse y fumar su tabaco. Debe tener tres de esos momentos a lo largo del día, pero siempre disfrutando ese momento tan sagrado para él.
El ambiente de mi mamá fumando cambia, los categorizan en dos, el primero que suele ser acelerado, mientras hace otras cosas, mientras no se da cuenta que tiene una cigarro prendido en su mano, y el segundo, al despertar y acostarse, que está viendo tele, o haciendo otra cosa, pero fumando, yo creo que ese es su espacio más tranquilo y relajado y consciente del fumar. Por otra parte, el ambiente de León es super tranquilo, generalmente solo en la casa, se lo destina para él y para nadie más, su momento sagrado, en el exterior, escuchando de la vida nocturna y reflexionando acerca de su día.
Conversando con mi mamá acerca de su hábito de fumar, me contó que para ella fumar más que nada es algo necesario, que el consumo de nicotina la tranquiliza, también me contó que le gusta la sensación de fumar sola, la fumada social y acompañada no le gusta, le gusta el silencio que se produce en el momento de fumar, “es como una pausa, un parar.” También hablé con mi hermano, me contó que no lo hace por adicción, lo hace porque lo hace feliz, lo hace sentir que está haciendo algo, como un pasatiempo, me dice que lo encuentra entretenido, lo pasa bien fumando. Hace la diferencia entre fumar con y sin gente, prefiere la fumada individual y ojala en la noche, porque piensa mientras fuma. Me cuenta que le quita la ansiedad, lo calma.
La Organización de Investigación de Cáncer de UK dio unas razones por las cuales las personas fuman. Dicen que la gente fuma para relajarse, utilizan el tabaco como apoyo emocional, cuando las cosas van mal o simplemente porque les gusta el sabor del cigarrillo. Al final de la jornada laboral se sientan a fumar, con un café o un trago. También fuman cuando necesitan un descanso o un momento para ellos mismos, cuando están preocupados o con problemas personales. Otra razón es para sociabilizar, disfrutan de fumar con otras personas como una actividad compartida, también inician conversaciones con gente nueva. Y la última, pero más conocida, por adicción física, las investigaciones señalan que la nicotina produce una adicción física.