“El ministro no es responsable de su éxito. Sin embargo, él es responsable de lo que predica. Es responsable de su vida y de sus acciones, pero no es responsable de las acciones de otras personas. Si predico la palabra de Dios y nunca se salva un alma, el Rey diría: “¡Bien hecho, buen siervo y fiel!” Si doy mi mensaje y nadie lo escucha, él me dice: “Has peleado la buena batalla, aquí tienes tu corona”. Pablo dijo acerca de los predicadores del evangelio: “Somos el aroma de Cristo para Dios entre los que se salvan y entre los que se pierden”.
Charles Spurgeon










