Epocas diferentes (Alfredo "Tano" Favalli x lectora)
Resumen: La persona correcta en el lugar y momento más incorrectamente mierda posible. Eso resumía a la perfección el cómo Favalli conoció a la hija de su antigüo compañero.
No hay nadaaaa de El Eternauta, dios. Que frustrante.
Necesito fanfics 🥺.
¿Daddy issues? Si.
Masterlist de mi autoría
Parte 2
Era viernes por la tarde -según un viejo calendario de la oficina del capitán- cuando la última excursión del dia llego a Campo de Mayo. Traían sobrevivientes, y eso llamaba la atención de la gente que, en medio de tanta desolación, tenía la esperanza de volver a ver una cara conocida.
Y esa cara conocida fue la de Claudio Flores.
Para Juan Salvo fue una gran alegría ver a su viejo compañero de pelotón llegar en una de las camionetas. Se veia herido, pero nada grave
Se acercaron enseguida, y entre abrazos y sonrisas de alegría se contaron mutuamente lo sucedido en esos días.
—Vivimos en zona norte, hace años... Pero justo se le ocurrió a la nena venir a la loma del orto a retirar un paquete.—Claudio miró a su hija, quien le sonrió con gracia—. Por ahorrarse unos mangos del envío, le hicimos la segunda y vinimos con ella... Quién sabe cómo habríamos terminado de habernos quedado en Pilar.—
—¿Y qué pediste?—Juan miró a la chica, quien sonrió con inocencia.
La chica revisó su mochila, mostrándole a Juan un viejo aparato que dedujo que era una radio.
—Salió demasiado cara como para también tener que pagar 14 lucas el envío...—explicó la chica—. No me arrepiento... nos salvó la vida.—
—Favalli se volvería loco con esta cosa...—
—¿Está acá?—Claudio lo miró emocionado.
—¿Es una PRC-25?—
El Tano llevaba un buen rato renegando con la vieja radio en el taller, cuando aquella voz emocionada llamó su atención.
—... 77, en realidad. Pero tenés buen ojo.—la chica le sonrió—. ¿Llegaste hoy? No recuerdo tu cara de antes.—
—____ Flores.—le extendió la mano—. Mi papá te conoce, vino conmigo... sos el Tano ¿No?—
El rostro del hombre se iluminó, y ____ rió bajito al sentir como estrechaba su mano eufórico.
—Es un placer entonces, querida ¿Dónde está Claudio?—
—En la enfermeria. Pero tranqui, no es nada grave. Se cortó el brazo intentando mover unos autos en el puente... Una cocida y queda de 10. Si querés después te acompaño a verlo.—lo vio sonreír—. ¿Estabas intentando arreglar la radio?—
—Si, pero me temo que los cablerios estan tostados. Vamos a tener que conseguir nuevos.—
—... Capaz esto te sirva... Pero porfa no lo rompas.—
La mujer le mostró la radio, y además de emocionarse por tal reliquia, el Tano supo que era justo lo que necesitaba de repuesto.
—... ¿Me querés ayudar con esto?—la vio sonreír.
El par se puso manos a la obra, desarmando y rearmando pedazos de la radio mayor.
No lograron hacerla andar a la primera, tampoco a la segunda. Mucho menos a la tercera. Pero lejos de frustrarse, parecían estar disfrutando la sesión de reparación.
—¿Sabes qué estaba pensando?—____ miraba aburrida como las luces de la radio volvían a apagarse—. Si puenteamos algunas baterías de los autos por ahí arranca.—El hombre la miró—. Son del año del pedo, las terminales están gastadas... necesitamos mucha pila.—
—Los militares no nos van a dar sus baterias, son valiosas.—
—Acá cerca hay un pueblo chiquito, vamos y traemos baterías de los autos que encontremos.—se levantó—. Los militares trajeron los autos viejos que andaban, no le dieron pelota a los más nuevos... El sistema eléctrico moderno se chamusca, si... Pero las baterías todavía sirven si las recargamos y acondicionamos.—
El hombre sonrió emocionado, asintiendo enseguida.
—¿Sabes qué, nena? Sos brillante.—____ sonrió, y Favalli se sintió bien con eso—. Me alegra saber que tengo una compañera con quien compartir mis pasatiempos. Acá nadie sabe nada...—
—¿Somos compañeros entonces?—Se encogió de hombros risueño, haciendo que ____ muriera un poco de ternura.
Era como un niño.
Uno feliz por encontrar alguien con quien hablar de sus raros pasatiempos.
Los días fueron pasando, y la amistad del par rapidamente escaló.
Trabajaban en cada proyecto que los militares les planteaban, no tanto por la encomienda en si, sino porque disfrutaban compartir esos ratos de mutua compañía.
Ambos sentían una conexión especial, peculiar...
Pero fingían que no estaba ahí. No debía estar ahí. Favalli era quien más pensaba en ello.
Comenzó a decir cosas raras, cosas que ____ no entendía en un principio. Pero que poco a poco comenzaban a tener sentido.
—No no, el final es una mierda.—
—¿Que decís, maleducado?—
Favalli rió entre dientes, viendo como la chica terminaba de empalmar unos cables.
—¿Sabes qué? Es una lástima que no nos conocimos antes.. Creo que nos hubiésemos llevado muy bien.—
____ levantó la mirada de su trabajo, notando la mirada conflictiva del hombre.
—Pero nos conocimos ahora, genio... Y congeniamos bien.—lo vio hacer un mojin extraño con aquello.
—No... No es eso a lo que me refería, querida.—
Querida...
Era cierto que la gente mayor tenía una forma diferente de hablar. Más correcta y prolija que los jóvenes. Y Favalli era el ejemplo claro de eso.
Era elegante, correcto. Pero si tenía que mandarlos a todos a la mierda, no dudaba en hacerlo. Eso si, con una finura que hacía reír a la joven.
—¿Y a qué te referís entonces... Querido?—Lo miró divertida, y pudo notar por su cambio de postura que la pregunta le cambió el estado de ánimo.
—Vos sos muy joven, ____... Y yo ya soy viejo.—bajó la mirada a los plásticos en la mesa, comenzando a rearmar el aparato—. A eso me refiero... podría ser tu papá.—
A la chica no le costó mucho entender a qué se refería.
Aquel hombre, generacional a su progenitor, estaba dejando ver un leve interés en ella.
Y ____ no podía estar más encantada con eso.
—Si nos "conocíamos antes", yo sería todavía más pibita y vos seguirías siendo viejo... Y si, podrías ser mi papá... Pero no lo sos.—Favalli la miró—. Y no sé vos... pero yo agradezco haber encontrado a otro loquito de la electrónica antigua.—
Aquello sorprendió al Tano, pero no tardó en sonreír.
No dijeron mucho más al respecto aquella noche, siguieron trabajando en los comunicadores sin más.
El día de finalmente enviar el mensaje a los sobrevivientes había llegado.
Todo estaba saliendo muy bien, hasta que empezó a salir horrible.
La aparición de toda la gente "controlada" después de completar la misión dejó en claro que solo había sido una trampa. Los habían estado vigilando, los dejaron actuar... Y se dieron cuenta muy tarde.
Cuando los disparos comenzaron a resonar en el lugar, ____ solo pudo reaccionar en cuanto el Tano la tomó del brazo y la arrastró escaleras abajo.
—¡Reacciona, ____! ¡Corre!—
La chica finalmente se comenzó a mover por cuenta propia, buscando mientras tanto algún lugar para esconderse.
—Acá, Fava... Veni.—
Tomando la iniciativa, ____ desvió su curso, adentrándose en un viejo departamento de la cuadra.
Entraron en la primera puerta que encontraron, recostándose contra la misma y rogando que no los hayan seguido.
Los minutos pasaban, y los tiroteos cada vez se sentían más lejanos.
—Ya se fueron...—____ se arrimó por la ventana, viendo que se veía movimiento a unas manzanas—. Llamalo a Juan, Fava. Preguntale por dónde anda... Fava...—
El hombre estaba aún contra la puerta, completamente ido. Se mantenía inmovil, y apenas reaccionó cuando ____ se sentó a su lado. Tomó la mano que se mantenía nerviosa contra el suelo, estrechándola con cariño.
—Los mataron a todos...—
—A todos no. Estamos acá, y Juan también corrió... Muchos corrieron, Tano.—____ tomó su radio, encendiéndola enseguida—. Vamos a ver cómo anda Juan. Aunque lo mejor es esperar.—
Por suerte pudieron contactarse con unos cuantos hombres, todavía escondidos por toda la ciudad. Esperarían al amanecer, agrupándose en una plaza cercana.
—Todo se fue a la mierda enseguida...—
El Tano se había sentado en un sofá, recibiendo un vasito de café ofrecido por la chica.
Al acordar reunirse en la madrugada, debían hacer tiempo. Asi que ____ aprovechó y preparó algo caliente para tomar. Siempre llevaba su termito de agua caliente a las misiones, y esta vez les vino perfecto.
—Y... Si, bastante. Pero bueno, ya vamos a ver qué hacemos.—____ se sentó a su lado—. De momento vamos a descansar un poco...—
Mientras el hombre bebía su café, notó cómo la mujer se sobaba el brazo de forma vaga.
—¿Te duele?—____ dejó de tocarse el brazo, negando con una sonrisa.
—Cuando entramos me llevé puesto el pilar de la entrada. Me duele un poquito el hombro y acá...—señaló el antebrazo.
—Dejame ver.—ella negó—. Dale, nena. Mira si te rompiste algo.—
—Bueh, tampoco tanto... Pero bueno, de paso me pongo esta crema que me robé del baño.—
El Tano negó apenas al ver la sonrisa maliciosa de la chica al mostrar aquel pote de crema cara tan conocida.
Con algo de dificultad debido al dolor, ____ se quitó el abrigo. Aquella pesada campera cayó a un lado, al igual que un suéter fino.
—... ¿Qué haces?—el Tano apartó apenas la mirada al ver que la chica comenzaba a levantar su camiseta.
—Y me la saco, es manga larga. No me voy a poder poner la crema para los dolores... Si te da vergüenza voy al baño y lo hago sola.—
—¿Verguenza de qué? Dale que te ayudo.—
—Vergüenza de ver mi figura fina de mujer~ Rió de forma tonta.
En cuanto la mujer deslizó la prenda por su abdomen y la sacó por arriba, dejó en exposición su cuerpo casi desnudo. Traia un top deportivo simple, y a pesar de que el Tano se arrepintió un segundo de la situación que acababa de crear, lo disimuló y se enfocó en el moretón que comenzaba a formarse en el antebrazo de la mujer.
—¿Tan fuerte le diste al pilar para que te quede así?—
—Se me cruzó...—
El Tano esparció aquella crema en su mano, comenzando a cubrir el hematoma con cuidado de no causar dolor.
—Te voy a hacer masajes ¿Si? Va a ayudar a la circulación.—
____ no respondió, se mantuvo ahi, mirándolo fijo. Favalli se veía concentrado en su tarea, haciendo un gran esfuerzo por no demostrar el nerviosismo de sentir la piel desnuda de la mujer en sus manos. Sus dedos recorrían algo temblorosos el antebrazo, y cuando la crema se consumó por completo, la miró.
—¿Mejor? ¿Ya no duele?—
Ese par de ojos la miraban con sincera preocupación, esperando una respuesta. Pero Favalli no recibió una exactamente.
El repentino toque de los labios ajenos sobre los suyos lo tomaron por sorpresa, por lo que se alejó por reflejo. Ella volvió a besarlo, siendo nuevamente rechazada.
—No... No, ____. Esto está mal.—la tomó de los hombros, alejándola apenas.
—¿Por qué?—
—Vos sabes porqué.—
____ lo miró por unos segundos interminables, intentando organizar sus ideas.
Para la joven no era la gran cosa el asunto de la edad, pero entendía que para el Tano era un gran freno. Era una gran diferencia numérica, una que le impedía aceptar que podían estar juntos.
—A mi no me importa eso, Fava...—volvió a mirar sus labios de forma fugaz, y el hombre murió con eso—. Y a vos tampoco debería importarte.—
—Pero yo-
—El mundo se está yendo a la mierda.—lo interrumpió—. No sabemos cuánto más vamos a estar vivos... ¿Y a vos te preocupa mi edad? Dale, no seas boludo.—
Las manos de la chica subieron a sus mejillas, brindándole suaves caricias a su cansado rostro.
Favalli se derretía bajo su toque.
—... Tu papá me mataría si se enterara de que permití esto.—
—Él no tiene porqué saberlo... ¿O si?—____ acercó su rostro al ajeno—. Solo estamos vos y yo acá...—
Cuando los labios de la chica volvieron a trapar los ajenos, esta vez no fue apartada.
—Pa...—
—¿Qué pasó?—
—¿Vos... Qué me dirías si te digo que me gusta alguien de acá, del refugio? Pero además... es alguien mucho mayor que yo.—
Padre e hija Flores hacian guardia junto a una fogata, y aquella pregunta fue como un puñetazo al estómago para el padre.
—... ¿Quién?—
—No, no te voy a decir. Porque te conozco y vas a hacer un lio.—
—¿Y para qué me decís entonces?—la chica sonrió apenas—. No no no, no te puede gustar un tipo grande... No te puede gustar nadie y punto. Vos sos mi bebé todavía. Sos chica.—
—Dale pa, no seas exagerado.—
El padre estaba por volver a protestar, cuando la radio de la chica emitio ruidos de interferencia.
~¿Me escucha, cóndor dos?~
—Yo soy cóndor uno.—
~Negativo. Yo arreglé las radios, eso me da derecho de ser el uno.~
—Pero yo te conseguí las baterias. Osino no andaba nada.—
Claudio miraba algo sorprendido la sonrisa con la que su hija hablaba por radio. Sabía que se trataba de Favalli.
Epocas diferentes (Alfredo "Tano" Favalli x lectora)
Resumen: continuación de este shot.
Un poquito subido de tono. Un cachito nomas. Que Fava no me da vibes a pajero.
Masterlist de mi autoría
—Mira lo que encontré.—
El par de sobrevivientes llevaba toda la tarde revisando aquel edificio en busca de provisiones. Ropa de abrigo y mantas eran su objetivo, pero se daban la libertad de juntar chucherías para sus proyectos de electrónica.
Algunas semanas habían pasado desde que el Tano aceptó los apabullantes sentimientos de la joven, y desde entonces se sentía completo. Querido.
Muchas veces chocaban por la diferencia de edad, por puntos de vista muy variados. Pero no tardaban en hablarlo. Estaban bien. Al menos hasta esa tarde, cuando el Tano vio lo que la mujer le mostraba.
—... ¿Qué hacés con eso?—sintió una repentina ola de calor invadirlo al ver que la joven traía consigo una caja de preservativos—. Dejalo donde estaba.—
—¿Por qué?—no respondió—. Nunca querés hablar del tema...—
—Porque no corresponde, nena.—acomodó unas mantas en una valija, cerrándola con dificultad—. Una cosa es tener esta... Relación que tenemos y otra es cruzar ese limite.—
—¿Qué límite?... Decí que no te gusto y listo.—
—No es eso, ____.—soltó algo cansado—. Pero vos... Y yo no... No va a funcionar eso.—
—... Vos sos el que dice que lo viejo funciona.—
—Siempre tan graciosa... Dejalo ahí, nena.—
____ lo miró decepcionada, sin poder entender del todo porque esa terquedad de su parte.
—Quiero estar con vos, Tano... En todo sentido ¿Vos no?—
El hombre sintió burbujitas en el pecho.
—Dijiste que nunca habías estado con nadie antes... Que soy lo más cercano a un novio que tuviste en tu vida... No quiero que te decepciones con un viejo.—
—... ¿Querés que me acueste con otra persona entonces?—
—No no, yo no dije eso.—
—Eso me das a entender.—____ estaba a la defensiva, pero se relajó al ver que se estaba pasando—... ¿Sabes qué? Dejalo ahí. Volvamos a casa que va a oscurecer en un rato.—
La chica tomó la valija recién cerrada y se colgó su mochila personal al hombro, saliendo enseguida del departamento. Favalli tuvo que apurarse en juntar sus cosas y seguirla.
—Pará, no te enojes.—se puso a su par, mirando alrededor en busca de amenazas.
—No me enojé, te dije que lo dejemos ahí y volvamos a casa.—soltó sin voltear a verlo.
—Estás enojada. Y dejame decirte que es una pavada que te enojes por eso.—No le respondió—. ¿Vas a estar asi todo el viaje?—Otra vez silencio—. No seas inmadura.—
—Soy una "nena" según vos. Claro... el señor maduro cree que soy una boluda por esperar de mi pareja algo que él espera que consiga de otra persona.—
—Ya te dije que no es así...—
—Me voy a acostar con Tony entonces, le llevo un par de años pero no creo que tenga problemas con eso. Total, la diferencia de edad sigue siendo nada comparado con vos.—
—Ya te estás pasando, ____.—
La chica no dijo nada más.
Todo el viaje hasta el auto fue en completo silencio, incluso al llegar al auto y rehacer el camino al refugio, no volvió a pronunciar palabra a menos que fuera estrictamente necesario. Pero Alfredo no iba a darle el gusto, estaba siendo inmadura. Y la conocía, se le pasaría ese berriche enseguida. O eso creía.
—No, no voy a hacer las guardias con él, le pedí a Pecas que me acompañe hoy.—
Juan se extrañó con aquello pero no dijo nada. El par solía hacer las guardias de los martes, pero ____ cambió de planes a último momento. No le dio mucha importancia.
—Bueno, perfecto entonces. Me lo llevo yo entonces al Tano. Fíjense si Micky se siente mejor, sáquenlo un rato también.—
—Si, señor.—
Juan sonrió al ver que la chica hacía un gesto militar antes de alejarse y reunirse con la otra joven a unos metros. Se encaminaron al edificio principal
—¿A dónde se va? Ya tenemos que ir al puesto de control.—el Tano apareció en el lugar, mirando extrañado como su compañera se alejaba.
—Te cambió por la otra piba, hoy me acompañás a mi ¿Te parece?—Alfredo asintió no muy convencido.
El par de hombres comenzó a caminar hacia el sur, teniendo como objetivo la puerta extrema del predio.
—Es idea mia o se enojó con vos.—Juan llamó la atención del Tano—. Porque boludo no soy, vos y la piba tienen algo más ¿No?—lo miró divertido—. Claudio te va a matar cuando sepa.—
—Ya lo sabe creo, hace rato...—
Alfredo dudó si consultarle a Juan sus inquietudes.
Eran amigos de toda la vida, se conocían mejor que nadie. Pero el Tano no sabía si era correcto ventilar sus dramas emocionales con la chica.
—¿Y por qué se enojó?—
—... Ella quiere... Hacer eso ¿Sabes de qué te hablo?—
El rostro confundido de Juan no tardó en transformarse. Sus cejas se alzaron en signo de sorpresa, y eso solo hizo que el Tano se hundiera en un pozo de vergüenza.
—Ah, problema complicado ¿No funciona el aparato?—
—Callate, pelotudo.—Juan rió con ganas—. No es nada de eso, solo que me parece inadecuado.—
—¿Por qué? ¿Porque sos un viejo choto y ella una pendeja? Menor de edad no es, y es muy consciente de lo que hace.—
Llegaron a la puerta, reemplazando a los antiguos guardias.
Después de acomodarse junto al fuego, el par de amigos se dedicó a charlar sobre ese asunto. Las inseguridades del Tano y los reclamos de la mujer.
El sol comenzaba a surgir cuando el hombre se decidió en cuanto a lo que quería hacer.
—Pedi que me acompañara Pablo, no vos.—
____ miró inexpresiva al Tano, quien le alcanzó una mochila.
—Dale, querida. Deja eso y vamos. No hay que perder luz del sol.—
La chica no discutió, y ambos subieron al auto para emprender viaje hacia la ciudad.
Ninguno decía nada, y Tano no sabía cómo sacarle charla.
—... Tony fue con Inga a ese local de electrodomésticos en la avenida y me consiguieron una bata para el replicador.—habló finalmente la mujer—. Quería dejarlo en el edificio amarillo para ampliar el alcance de la radio.—
—¿Eso trajiste en la mochila?—asintió—. Pero necesitamos cable para...—vio que la mujer le mostraba un rollo rojizo desde el interior de la mochila.
—Estas hablando con una experta, Favalli. Por favor.—el hombre sonrió, sintiendo que el ambiente se sentía más relajado.
Al llegar al edificio, la mujer no tardó en dirigirse a la azotea. Y mientras acomodaba todos los cables, Favalli revisaba los departamentos. Cuando ____ finalmente bajó, el Tano ya había revisado el último piso.
—Funciona de 10, un golazo. Estuve hablando con el general en el refugio y se escucha clarísima la transmisión.—____ se acercó emocionada a Favalli, quien finalmente se sentaba en un sofá—. Vamos a poder ir más lejos ahora, sin miedo de quedar incomunicados... ¿Querés terminar de revisar acá o ya volvemos?—
El Tano no respondió, solo palmeó el espacio a su lado, invitándola a acompañarlo. ____ se acercó enseguida.
—Perdoname, querida.—
—Perdoname vos, Fava... Estuve infumable esta semana ¿No?—
—Y un poco... Pero me gusta esa intensidad tuya.—la chica sonrió—. Estaba pensando que... Podíamos intentar...—
La mujer no llegó a cuestionarle a qué se refería, lo había entendido.
—No quiero que te sientas presionado, olvidate de eso.—
—No es nada de eso, no no. Quiero que pase...—La chica se sorprendió con la repentina sinceridad, riendo con ganas.
—Sonaste re adolescente acomplejado.—
El hombre frunció el ceño ofendido, haciendo que la joven se enamorara más de ese rostro gruñón. No tardó en besarlo con cariño.
El beso fue lento en un inicio, pero entonces las manos del Tano se posaron en su cintura. Y ____ supo que podía dar el siguiente paso.
—Mucho no vamos a poder hacer igual...—se subió sobre su falda, sintiendo como se tensaba por el movimiento—. Me hiciste dejar los preservativos allá...—
—Yo volví a buscarlos en la semana... Los tengo en la mochila.—____ lo miró sorprendida con aquello, notando como se ponía completamente rojo—. ¿Qué?—
—Si lo pensaste todo.—
—Y si, nena. Mira si además de decepcionarte por un viejo además tenemos un accidente de esos...—
—¿Cómo que decepción? Si yo estoy re emocionada con esto.—
____ atrapó su rostro, presionando sus mejillas con cariño. Le dio un besito fugaz.
—¿Es mucho pedirte que me toques? Mira que no muerdo, eh.—
Las manos del Tano se apoyaron en sus caderas, subiendo poco a poco hasta colarse bajo su remera. Sintió como la chica suspiraba bajo su tacto, subiendo hasta sentir el borde de su ropa interior. La miró enseguida, buscando la aprobación. Y ____ lo besó de nuevo como respuesta.
Todo aquello no era nuevo para Favalli, más no era usual. No estaba acostumbrado, había pasado mucho tiempo. Así que estaban en casi igualdad de situaciones. Estaba nervioso, si. Pero esa necesidad primitiva de calor lo hacía perder poco a poco el pudor.
Todos esos pensamientos se disiparon en cuanto la mujer se movió sobre su falda, generando cierta fricción que lo hizo suspirar.
—¿Será que nos podemos quedar hasta mañana acá?—soltó la mujer mientras bajaba las manos por el pecho del hombre.