“Si se enojan, no pequen; que el enojo no les dure todo el día. No le den oportunidad al diablo. … No digan malas palabras, sino sólo palabras buenas que edifiquen la comunidad y traigan beneficios a quienes las escuchen. No hagan que se entristezca el Espíritu Santo de Dios, con el que ustedes han sido sellados para distinguirlos como propiedad de Dios el día en que él les dé la liberación definitiva.”
Ef 4:26-27,29-30
Si por mí fuera, escribiría todo Efesios entero. Pero nadie gustaría entrar a un blog solo para leer todo un libro. Pero, es que, hay tanto contenido sano y disfrutable dentro de este capítulo. No es que no lo haya en toda la Biblia, sino más bien es porque es uno de mis libros favoritos. Uno de tantos.
En el capítulo 4 de este libro. Podemos ver a Pablo enseñándonos a ser “cristianos” (insertar meme de Expectativa versus Realidad). Yo voy a escribir y reflexionar sobre algunos versículos en específico.
Efesios 4:26. Si me enojo, no debo pecar. A mí me encanta la palabra de Dios porque es tan cierta que en la escritura NO dice “si podes, no peques”. No existe el “si puedo hacerlo o no”. Es exacta. Dice “no peques”.
Luego agrega “no le des lugar al diablo”. La consecuencia de enojarme y perder el estribo, como se suele decir en Argentina, es darle un lugar a que el Diablo aproveche.
Enojarme, enojarse, no es pecado. Pero perder la compostura sí. Muchas veces me he enojado y he dicho cualquier cosa. Me he enojado y he insultado. Ahí es cuando doy lugar al diablo.
El versículo 29 habla sobre las malas palabras. Y es muy normal, que al enojarme mucho, diga malas palabras. Y esto pasa por una razón. (Bueno, al menos es mí teoría). Cuánto más lejos de Dios estoy, más mal hablo. Cuánto más cerca estoy hablo bendiciones.
Si nosotros mantenemos una vida espiritual llena, de nuestra boca saldrán palabras de bendición. Todo lo que saldrá de nuestra boca va a ser bueno. Pero si día a día nos vamos alejando un poco más, terminaremos diciendo maldiciones, hablando mal.
Por favor, debemos procurar mantener una vida repleta en el Señor. Una vida llena de Jesús, de su bondad y amor.
Porque miren lo que dice el verso 30. Cómo consecuencia “hacemos entristecer al Espíritu Santo”. Entristecer al Espíritu Santo, no es una cosa mínima. El Espíritu Santo para nosotros lo es todo. Y lo necesitamos todo el tiempo en nuestra vida. Si dañamos al Espíritu Santo, recuperar el ritmo, nos va a costar horrores.
Necesitamos tomar estos versículos con plena atención. Son de suma importancia para una vida cristiana sana. Si no quiero pecar, si no quiero herir al Espíritu Santo, debo prestar total atención a estos requisitos. Y cumplirlos.
Dios nos de la sabiduría y la madurez para poder llevar a cabo esta tarea.











