Como Cristiana-Católica, el mito del Paraíso,lugar del cual fuimos desterrados por probar del árbol del Conocimiento a estado en mi vida desde que tengo memoria. Se dice que al probar del fruto prohibido Adán y Eva (personajes del mito), adquirieron un conocimiento nuevo, empezaron a sentir temor y vergüenza, fueron castigados con una vida de sufrimientos y penas, y toda la descendencia seria poseedor al momento de su nacimiento del pecado original. A mi parecer, este pecado es la duda y el anhelo de conocimiento.
Como ser racional no me es comprensible si quiera pensar que el querer saber pueda ser castigado. Tal vez como dogma religioso existan cosas fuera de nuestro alcance, cosas que no nos es posible saber, y como dogma debemos aceptarlo sin refutar. Pero, las experiencias a lo largo de la historia nos han demostrado que en ciertas ocasiones, dudar y buscar la certeza del conocimiento es la mejor decisión.
Recordemos al muy siempre recordado Filosofo Platón. El fue el primer hombre en preguntarse acerca del conocimiento, pues hasta ese momento se conocía como la imple percepción de las cosas.
La teoría del conocimiento de Platón explica la presencia de los conceptos universales en el alma recurriendo a la Teoría de la Reencarnación.
Platón establece a través de su metafísica el método dialéctico para el conocimiento y dice: "El método dialéctico es el único que marcha, cancelando los supuestos, hasta el principio mismo, a fin de consolidarse allí. Y dicho método empuja poco a poco al ojo del alma, cuando está sumergido realmente en el fango de la ignorancia, y lo eleva a las alturas...".
Hasta este momento de mi búsqueda por determinar si el conocimiento ha sido para la humanidad un bien o un prejuicio, compartía la idea del filosofo de que debemos buscar siempre el origen de las cosas.
Sin embargo, encontré cierto mito titulado "La leyenda de Fausto". Relata la historia de reconocido filosofo que anhelaba el conocimiento supremo y las verdades de Dios. Buscó en la teología, en la alquimia y hasta en la brujería, pero a pesar de que adquiría un saber mayor con cada practica que realizaba, siempre quería más. Cierto día, a su despacho se presento Mefístófeles, un demonio con el cual pactó su alma a cambio de conocimiento.
Ciertamente entregar el alma es contraproducente, y en mi opinión es esto lo que la humanidad a hecho desde que adquirió la capacidad de conocer e inventar. Desde que inventamos el dinero como forma de civilizar la sociedad, hacemos cualquier cosa para conseguirlo. Separamos animales de su familia para tenerlos en cautiverio, aislados como exhibición para alegría de unos cuantos. Desde que empezamos a estudiar los compuestos químicos y tuvimos la capacidad para separarlos y agruparlos, fuimos capaces también de fabricar armas de destrucción masiva, que siguen causando estragos aun después de casi 70 años como en el caso de Hiroshima y Nagasaki.
No obstante, soy consiente de todas las cosas buenas que hemos logrado. Se han estudiado y encontrado curas y tratamientos para muchas enfermedades, se nos facilita la vida con inventos innovadores, incluso poseemos la capacidad de escoger que rama del conocimiento queremos aprender, cosa que se ve asombrosa desde un punto de vista soñador.
Concluyo afirmando que el conocimiento y la búsqueda de este en sí no son buenos ni malas, son las acciones de quienes la ejecutan y la intención con que las aplican quienes determinan la naturaleza de esta.