El dolor se llora dejando fluir, como un río, sin interrumpir, sin bloquear, sin manipular, sin interferir. En un duelo, el llanto es necesario. Lo natural es llorar, vaciar el corazón y la mente, sin alimentar el dolor, es decir, si mientras lloras escuchas música de dolor o hablas de esa persona, miras fotos, (estímulos que sólo potencian ese dolor a través de la revisión del pasado) perpetuarás ese duelo y muy difícilmente sanarás. Así que llora todo lo necesario, pero hazlo desde la confianza de que siempre hay un aprendizaje debajo de cada experiencia. El dolor te hace sabio cuando lo ves con ojos espirituales. El dolor está ahí para enseñarte algo, el dolor sano es ése que emerge desde tu ser para guiarte y mostrarte otra versión de ti, es quitarse tiras de vendas, es sanar. El dolor se vuelve insano cuando lo alimentas.














