El Pireo (o Peiraieus) fue el antiguo puerto de Atenas a lo largo de los periodos arcaico, clásico y helenístico y, de hecho, constaba de tres puertos separados: Kantharos, Zea y Munichia. El primero era el más grande y se utilizaba para la actividad comercial, mientras que una parte de Kantharos y los otros dos puertos más pequeños se reservaban para el uso militar para albergar la enorme flota ateniense que permitió a la ciudad ser uno de los actores más poderosos de Grecia y del Mediterráneo en toda la antigüedad.
Hoy toca descanso, relax, playa y sol. Después de desayunar en nuestro apartamento, nos dirigimos a la boca de metro Acrópoli, al lado de casa, para llegar hasta el puerto de El Pireo, situado a unos 15 km de Atenas. La línea que nos lleva es la número 1 de color verde, y no tiene pérdida porque es la última parada de la línea.
Al bajar del tren vemos una caseta de venta de billetes de ferry en el interior de la estación, y allí mismo nos hacemos con 2 tickets ida y vuelta para Égina por 24€, la compañía de ferry es Hellenic Seaways. Salimos a la calle, y en esta ocasión sí que notamos la dejadez que genera una crisis como la que han vivido nuestros vecinos griegos. Calles sucias, deterioradas, personas pidiendo en la calle, niños metiéndose en los contenedores... esta es la cara menos amable de Atenas que vimos. Si bien en el centro, no tenemos esa sensación, aquí sí que nos damos de frente con la realidad griega que nos habían contado los amigos que habían viajado al país .
El puerto es grande, y aunque la señora nos indica cómo llegar, tenemos que dar un par de vueltas y volver a preguntar hasta llegar al muelle E8 desde el que sale nuestro ferry.
Esta isla se encuentra a una hora de Atenas, y aunque no sea la más bonita, es suficiente para pasar un día de playa.
Durante el camino una bandada de gaviotas nos acompaña, volando a ras del barco y haciendo que todos los que estamos por allí saquemos la cámara para capturar el momento.
Égina es la principal productora de pistachos de Grecia y fue la primera ciudad en acuñar moneda, además ser también la primera en tener su propia marina. Al llegar al puerto, una pequeña ermita, en honor a Agios Nikolaos, nos recibe pintada de blanco y con sus dos banderones, que casi son más grandes que la propia ermita.
Salimos del puerto, ¿y ahora qué? ¿izquierda o derecha?. Elegimos ir a la derecha, desde el barco nos ha parecido que hay más movimiento por ahí. Pasamos por una especie de paseo marítimo, una iglesia, seguimos andando, y vemos un pequeño trozo de arena negra que usan como playa. Muy pequeño y ya está bastante abarrotado, la gente incluso se sienta en el césped del paseo. Seguimos andando y llegamos a la esquina del final, donde ya solo hay carretera. Así que no nos queda otra que darnos la vuelta.
Nos damos un remojón en la “mini playa” que habíamos visto antes, y como ya es la hora de comer, vamos a buscar algún sitio donde sentarnos. Nos decantamos por el Tenekedakia. Nos sentamos en la terracita, que en ese momento está prácticamente vacía, y pedimos la clave del wifi (que no falte) y para comer queso feta, una ensalada y un par de gyros. La comida está espectacular, y mientras damos cuenta de ella, las mesas empiezan a llenarse. Cuando terminamos toda la terraza está repleta, y nos cuesta que nos cobren la cuenta, podríamos habernos ido sin pagar perfectamente. Menos mal que somos medio buenos y no quisimos.
Salimos de allí, y empezamos a andar hacia el otro sentido, el de la izquierda según sales del puerto. Que es la parte que nos falta por ver. Pero para ello, nos adentramos un poco en la ciudad. Esta parte es muy bonita, callecitas estrechas con tiendas, y barecitos con terrazas de sillas de esparto y enredaderas en las paredes. Me encantó la composición de esta calle, parecía que la habían dejado perfecta para llegar y sacar la foto.
Entramos a alguna tiendita en búsqueda de algún recuerdo para la familia, pero nos vamos con las manos vacías. El viaje es largo y prácticamente acabamos de empezarlo, no queremos sobrecargar las mochilas en exceso tan pronto .
Andamos hacia la otra parte del puerto, y aquí sí, encontramos una playa, que aunque no sea la mejor de nuestras vidas, era suficiente para esperar tomando el sol y vagueando a que saliera nuestro ferry de vuelta.
Llega la hora, nos despedimos de esta isla y ponemos rumbo a Atenas, a pasar nuestra última noche antes de empezar nuestro road trip por el Peloponeso.
El día siguiente viene cargado de aventuras, tenemos que recoger un coche, salir de la capital y dirigirnos hacia nuestra siguiente parada, Kalambaka, pero antes... teníamos que hacer una paradita obligatoria.
Después de nuestra experiencia en esta isla, te recomendamos alquilar una bici o una scooter para moverte, como ves la parte más cercana al puerto no es gran cosa, el transporte público es un cero total, y estamos seguros de que Égina tiene mucho que ofrecer.
Entre otras cosas, a 11 km del puerto se enclava el Templo de Afaya, famoso por ser uno de los tres que conforman el triángulo sagrado, junto con el Partenón y el Templo de Poseidón, en el cabo Sunión.
¿Te animas a visitar esta isla? Eso sí, como ya he dicho, ¡no te quedes solo en el puerto!