MÚSICA PARA EL CORAZÓN
Hace unos años, los Reyes Magos le trajeron a mi hermana mayor un equipo de música. Era un equipo muy normal pero a mi, a mis escasos diez años recién cumplidos, me parecía bastante potente en aquel momento. Mi hermana se encerraba en su habitación a escuchar CD's con sus amigas y a hacer los deberes (y fumar). Cuando mi hermana no estaba yo profanaba su habitación y encendía con temor aquel aparato de alta tecnología. Además del equipo, sus majestades los RRMM también le trajeron algunos de los CD éxitos de aquel momento, entre ellos el primer CD que sacó JLo, cuando todavía era una joven promesa y no se había convertido en la diva aburrida y trasnochada que es hoy en día. Aquel CD, On the 6, me encantaba, sobre todo el tema Let's get loud. Lo ponía a todo volumen y lo bailaba una y otra vez. Hoy en día, cuando escucho a la latina diciendo eso de Ya Jenni llegó.... Presente! y los primeros compases de la canción, inmediatamente vuelvo a mis días de infancia y a tener en la boca aquella sensación de placer furtivo cuando bailaba como una loca en la habitación de mi hermana.
La música es, con diferencia, el medio artístico que mejor conecta con nuestra parte emocional. Sólo hacen falta unas notas musicales para animarnos o para emocionarnos o para enfadarnos incluso. Es evidente el poder de la música en nuestro estado de ánimo. No sé si es una leyenda urbana o es cierto, pero todos hemos oído la historia esa de una granja suiza donde a las vacas se les pone música clásica y dan más leche. Y es cierto que los enfermos tienen una mejor actitud y mejor estado de ánimo cuando se les permite escuchar su música preferida. Pues bien, ahora un estudio científico demuestra que escuchar música es bueno para el corazón, en concreto para la función endotelial, que no tengo ni idea de lo que es.
Últimamente me da bastante por los temas científicos y ayer leí este artículo que me llamó la atención. La Sociedad Europea de Cardiología hizo el siguiente experimento: cogió a 90 personas y las dividió en tres grupos. El Grupo A se les mandó hacer 1/2 hora de ejercicio diario, escuchando música a su elección. Al Grupo B se les mandó hacer 1/2 hora de ejercicio diario sin escuchar música. Y al Grupo C se les mandó escuchar 1/2 hora de música sin ejercicio. A los tres meses, incluso los que no hacían ejercicio, mejoraron su función cardiaca, y los que más mejoraron fueron los del grupo A, con una diferencia bastante considerable respecto al grupo B. Y lo más interesante del estudio es que a ninguno de los grupos se les dijo que tipo de música debía escuchar, si no que se les dejó a su elección. Por lo tanto todo el tipo de música es beneficiosa si el oyente la disfruta.
Ya sabes, escucha música mientras haces algo de deporte. Tu corazón te lo agradecerá.
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