seen from Brazil
seen from China
seen from United States

seen from Türkiye
seen from South Korea
seen from Germany
seen from Germany
seen from United States
seen from United States

seen from Germany

seen from China

seen from Malaysia
seen from China
seen from Canada
seen from Egypt
seen from India
seen from United States
seen from Germany

seen from Sweden
seen from United States
Infierno VI, o la intuición turbadora de que algo está podrido en Florencia
La ciudad donde Dante vivió hasta sus 36 años se parecía mucho menos de lo que cabría imaginar a la que se irguió en potencia bajo la tutela de los Medici. La prosperidad que la convirtió en uno de los principales centros bancarios del mundo, y en cuna o mecenas de los artistas más talentosos de Occidente, apenas comenzaba a gestarse en los últimos años del siglo XIII y los primeros del XIV. El autor de la Comedia, como subraya Santagata, no pudo conocer el campanario de Giotto ni la cúpula de Brunelleschi, y tampoco vio terminadas a Santa Maria del Fiore ni a Santa Maria Novella. Su Florencia era una ciudad medieval. Unos cuantos miles de habitantes se apretujaban en un puñado de kilómetros de calles estrechas y desaseadas, placitas distribuidas sin orden ni concierto, callejones sin salida; y las pocas torres que se alzaban sobre aquel embrollo les pertenecían a las familias prestantes —los Donati, los Cavalcanti, los Cerchi, ciertamente no los Alighieri—, que las utilizaban como marcas de prestigio, pero también como armerías, puntos de vigilancia, fortalezas. Cada una de esas familias controlaba un sector de la ciudad, y acrecentarlo se consideraba tan importante que a menudo los matrimonios se hacían entre casas adyacentes físicamente. Por razones similares, cuando una facción vencía la costumbre era exiliar a los contrarios y destruir sus edificios; y si los derrotados, como sucedía a menudo, ganaban la siguiente batalla, no dudaban en aplicar la misma medicina de la que habían sido víctimas. En medio de ese caos, muchos de los lotes en ruinas resultantes permanecieron así durante años, incluso décadas. En su juventud Dante se habrá habituado a esos escombros, así como a los asesinatos o escaramuzas motivados por tensiones políticas, y más tarde a la guerra civil. Por eso, cuando el peregrino encuentra en el canto VI del Infierno al primero de los muchos florentinos que verá en el más allá y le pregunta por los ciudadanos de la città partita, es erróneo entender esa expresión como una metáfora. Para Dante la suya era una ciudad partida en el sentido literal, dividida en facciones que se odiaban a muerte, semidestruida por sus constantes batallas; una ciudad que no se distinguía en Italia por sus monumentos sino por sus cicatrices. La decisión de introducir el tema de la política local florentina en el círculo de la gula puede parecer dictada por el desinterés de Dante en el pecado que su esquema lo obligaba a tratar. Eso es inexacto. Es cierto que, como en el caso de la lujuria, aquí a Dante no le concierne la corporalidad del pecado; pero le interesa sobremanera pensarlo en otros términos, escarbar en la psicología de la glotonería para entender cómo se convierte en una calamidad. El contrapasso de los golosos es curioso: una lluvia eterna, maladetta, fredda e greve [eterna, maldita, fría y pesada] cae sobre ellos y pudre el suelo que la recibe; y Cerbero, que Dante describe como un “gran gusano” que “con tres gargantas caninamente ladra”, los rasga con sus garras o destroza con alguna de sus bocas. El sentido del segundo elemento es obvio: son devorados porque en el mundo no hicieron sino devorar. Pero la lluvia, la putrefacción, la idea de Cerbero como un monstruo tricéfalo a medio camino entre el perro y el gusano, no parecen tan claros. Mi sugerencia es que para entenderlos es necesario comprender que Dante concibe la gula como un pecado social. Poco le importa lo que la glotonería de un individuo le cause a su cuerpo; lo que le parece digno de análisis es lo que la voracidad de las camarillas humanas le hace a la colectividad que estas componen a pesar de sí mismas. Al devorar todo el territorio que pueden para acrecentar el tamaño y el poderío de sus casas, los aristócratas florentinos devastan la patria misma que pretenden controlar; pero esa destrucción no les resulta evidente en vida, porque pueden ignorarla, e incluso reinar sobre ella, refugiados en sus palacetes. En el infierno, por el contrario, deben hacer lo que evitaron a muerte cuando estaban vivos: morar en ella. Y deben hacerlo para siempre. Todos los elementos de Infierno VI están orientados a subrayar esa descomposición que es la consecuencia de la voracidad florentina. No sólo es la lluvia que convierte el suelo en un lodo putrefacto; también es el Cerbero de Dante, que a diferencia del virgiliano no calma su hambre con pan condimentado con hierbas y miel, sino con puñados de cieno; y “Ciacco”, el apodo del florentino con quien Dante se encuentra, una palabra vulgar que significa “cerdo” o, más exactamente, “chancho”; y es sobre todo el lenguaje del canto, que luego del vuelo lírico de Infierno V desciende al nivel más bajo posible, se unta del limo de las calles de la Edad Media. En boca de Ciacco, Florencia está tan ahíta de envidia que “el saco está que se le revienta”; y a las almas benditas el cielo las “endulza”, mientras que a los toscanos por quien Dante pregunta el infierno los “pone agrios”; y a los condenados el frío infecto de la lluvia los hace “ladrar como perros.” En este canto Dante revela una faceta de su talento que a los puristas del Renacimiento les pareció deleznable: la de recurrir al registro popular, al toscano más rústico, cuando el tema así lo requiere. Un último elemento de la política florentina que jugará un papel central en el resto del poema también hace su aparición en este canto: los efectos de esas tensiones en la vida personal del autor. Pero por ahora se trata sólo de una alusión. Cuando Dante le pregunta a Ciacco por el futuro de Florencia, este profetiza que los dos bandos de los güelfos, facción a la que perteneció Dante mismo, se enfrentarán y uno de ellos exiliará al otro. Por supuesto, esto el autor ya lo sabía y por eso su personaje puede anunciarlo, dado que estaba escribiendo este canto alrededor de 1308 y esos sucesos habían tenido lugar unos años antes; pero su personaje, que viaja durante la Semana Santa de 1300, no sabe, no puede saber, que esa predicción que por ahora parece general lo involucra de forma trágica a él mismo, puesto que será uno de los perdedores exiliados. A veces es como si este canto inaugural del tema político en la Comedia se regodeara en la ingenuidad de su personaje; como si Dante, que escribió el poema entero en el exilio, pensara en el hombre que fue cuando aún vivía en su ciudad natal y se encontrara digno de la lección brutal que el destino habría de propiciarle. Es en ese tenor que, ya que se trata del primer florentino que encuentra en el Infierno, el peregrino le pregunta a Ciacco por un puñado de sus compatriotas: Iacoppo Rusticucci, Tegghiao Aldobrandi, Mosca dei Lamberti, Farinata degli Uberti. Todos son nombres que en cualquier toscano habrían encontrado honda resonancia; políticos y líderes de gran fama, prohombres de la patria independientemente de su facción. La respuesta de alias “Chancho” es que están “entre las almas más negras.” Dante no dice nada sobre la sorpresa de su protagonista, pero cabe especular que habrá sido tan grande como la de su lector. Es como si un estadounidense visitara el más allá, preguntara por Washington y Alexander Hamilton, y se le respondiera que se pudren en los círculos más hondos del infierno. De esa manera, tanto el protagonista como el lector abandonan a Ciacco en su limo hediondo con una oscura inquietud; porque Infierno VI concluye insinuando que algo, algo que nadie ha sido capaz de ver con claridad y que está en la raíz misma de su historia y su identidad, está podrido en Florencia.
Ang Ironiya ng Dinamika ng Partido at ang Panganib ng Napansing Pasismo
June 26, 2025 | 1100 EDT Washington, D.C. — Ang mga ordinaryong miyembro ng Partido Demokratiko ay madalas na nagpapakita ng kabalintunaang pananaw: matinding pagtutol kay Donald Trump habang hayagang pinupuna ang kanilang sariling pamunuan, partikular ang Democratic National Committee (DNC), dahil sa elitismo at mga pagkukulang sa estratehiya. Ang panloob na kritikang ito ay nagmumula sa…
¡Le deseamos a usted y a su familia un Feliz Día de Reyes!
¡Le deseamos a usted y a su familia un Feliz Día de Reyes!
Te deseamos un feliz dia!
View On WordPress
#Infografia Rosca de Reyes, origen y tradición
Este pan tradicional del 6 de enero llegó a México en el Virreinato y cada año endulza la mesa de millones de hogares.
Conoce su historia…
+Candidman
Enero 6: Descansa
Pero yo en justicia contemplaré tu rostro; me bastará con verte cuando despierte (para encontrarme y tener comunión con el Señor).
Salmos 17:15
Cada atardecer el sol se pone en todos nuestros problemas y todas las equivocaciones que hemos cometido ese día. Pero algo maravilloso sucede mientras dormimos: El Señor nos da descanso física, mental y emocionalmente. Somos renovados y rejuvenecidos para enfrentar el nuevo día.
Hoy quizás nos despertaremos con los mismos problemas que tuvimos al momento de irnos a la cama, problemas que el día anterior sentíamos que ya no podíamos cargar. Pero de algún modo en el día presente, luego de un buen descanso, pensamos de nuevo, y sentimos que podemos hacerlo, que podemos llevarlo a cabo. Dios promete renovar nuestras fuerzas cuando descansamos en Él.
Índice