Ya en un departamento que él no conocía, solo algunas luces empotradas iluminaban de manera tenue el ambiente, mientras que la luz existente no era mucha, sí era la suficiente para besar con generosidad la piel suficiente de su joven amante esa noche. Kim Seo Joon sonrió mientras volvía a devorar la boca de ese muchachito, al cual tenía acorralado contra una pared. Los jeans negros, ajustados, marcaban muy bien las curvas sutiles de sus piernas. Mientras lo besaba con pasión encendida por el alcohol que acababa de tomar, sus manos se deslizaron con posesividad a lo largo de sus muslos, los cuales estrujó con deseo con sus grandes manos y suspiró de ansias al sentir cómo era tan fácil apretar esa piel blanda y que, seguramente, cuando le pueda arrancar toda esa ropa, sería blanca y perfecta.
“Dime tu nombre” le exigió con voz grave y entintada de excitación. Necesitaba saberlo, probarlo entre sus labios, así como lo hizo su boca una vez que regó unos cuantos besos sobre su cuello. Eran húmedos y presionaban lo suficiente con sus labios para marcar esa hermosa piel. Juntó entonces con fuerza sus cuerpos, muy cerca uno del otro, y de un solo movimiento sujetó sus muñecas a ambos lados de su cabeza sobre la pared.
Ahora él era todo suyo.
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