En las tierras altas de la sierra oaxaqueña, donde el viento huele a maíz tostado y a humo de leña, se guarda una tradición tan antigua como las piedras de Mitla: **el Banquete del Padre Engordado**. No es fiesta cualquiera, no. Es el día en que el pueblo entero se reúne para honrar al patriarca con el platillo más sagrado: **un hijo próspero, bien cebado, servido con mole y nopales**.
Y este año, el elegido fue **Richie**, el grosero del barrio. Sí, ese Richie que nunca saludaba, que escupía al suelo cuando pasaba la comadre Chucha, que le decía "vieja loca" a la abuela Petra. Pero en la tradición, el grosero no se elige por su corazón, sino por su **panza prometedora**.
### La engorda (primera luna de mayo)
Todo empezó cuando don Chucho, el engordador mayor, midió a Richie con su cinta de sastre amarilla:
> —**¡Ciento veintitrés centímetros de cintura, muchachos!** —gritó—. **¡Y apenas setenta y ocho kilos!** Esto es un insulto al mole. ¡A engordar se ha dicho!
Richie, con su camiseta azul desteñida, fue llevado a la cocina verde de doña Lupita. Ahí, entre ollas de barro y comales humeantes, comenzó el ritual:
- **Desayuno**: 12 memelas con queso de hebra, 3 litros de atole de chocolate y un par de tamales de frijol.
- **Comida**: Mole negro con guajolote, arroz rojo, y para rematar, **un litro de mezcal reposado**.
- **Cena**: Pozole de pancita de puerco, con su respectiva montaña de tostadas.
Cada bocado era supervisado. Si Richie se quejaba, le daban un trago de pulque con chile. Si intentaba huir, lo ataban con una soga de ixtle al banco de la cocina.
### El día del padre (tercera luna de junio)
Para entonces, Richie ya no era el mismo. Su barriga, antes un modesto montículo, ahora era **una catedral de grasa**. Don Chucho volvió a medir:
> —**¡Ciento sesenta y dos centímetros de pura gloria!** —anunció—. **¡Ciento cuarenta y tres kilos de carne tierna!** ¡El banquete está listo!
### El sacrificio
Lo bañaron en manteca derretida con ajo y epazote. Lo metieron al caldero gigante, ese que solo se usa una vez al año, lleno de caldo de res, zanahorias, papas, elotes y coles. Richie, ya resignado, flotaba como un tamal gigante mientras el fuego crepitaba debajo.
> —**¡A engordar se ha dicho!** —cantaban los hombres.
> —**¡El banquete de Richie está listo!** —respondían las mujeres.
### La mesa final
Lo sacaron dorado, crujiente por fuera, jugoso por dentro. Lo pusieron sobre la mesa de madera de cedro, rodeado de cebollines, rábanos, limones y tortillas recién hechas. Los padres del pueblo, con sus camisas blancas almidonadas, se sentaron a la mesa.
> —Por Richie —dijo don Chucho alzando su copa de mezcal—.
> —**¡Que su grosería nos dé fuerza!** —respondieron todos.
Y así, entre risas, canciones y el olor a mole quemado, se sirvió el platillo principal: **Richie al caldero, con guarnición de humildad**.
Porque en la sierra, hasta el más grosero sirve para algo:
**dar de comer al padre, y recordarnos que todos, al final, terminamos en la olla**.











