Las mariposas no solo las siento en el estómago cuando te pienso.
Están presentes cuando tomados de la mano caminamos, cuando siento el tacto de tu palma en la mía y acaricias algo más que la piel.
Ahí están, revoloteando junto a los dedos enlazados, junto a los corazones unidos por ese sentimiento llamado amor, junto a nuestras almas que llenas de emoción saben que se aman.
Siguen y siguen volando y hacen posible que nuestros pies y el alma tengan alas.
Leregi Renga














