Nos conocemos hace tiempo y nos conocemos poco. Una excepción que creo aprovechamos bastante bien, convirtiéndonos en un paréntesis en medio de la frase del mundo. Hace años apareciste en mi vida en mi mejor momento, y hace poco retornaste en uno de mis recesos, en el cual todavía me encuentro. Lo primero que me regalaste fue un poco de esperanza, del tamaño que sea. La principal razón de mi receso es cansancio, y la principal razón del cansancio es la costumbre que una enorme mayoría de personas tiene para convertirnos en un adorno en la periferia de sus vidas. Vos con muy poquito me diste pruebas de genuino interés. De hablar, saber, conocer, disertar, y un etcétera más interesante de vivir que de enumerar. A mí me da mucho gusto saber que cuento contigo para causarle un infarto al constante latido del tedio, para enseñarte ajedrez o truco, para politizar una charla o para ver como te arriesgas a morir de hambre a cambio de que te coman los mosquitos en el Jardín Botánico conmigo como la penúltima vez, cuando pusiste en pausa al universo por un rato. Decirte gracias es poco, pero por el momento es lo único que tengo.
(Parte de un mensaje de whatsapp que le escribí a Nati como regalo de cumpleaños)
(imagen de Ivan Turukhano)
Opiobook: Acostumbrado al fin del mundo
Twitter: @GestoObsceno
Instagram:acostumbrado_al_fin_del_mundo












