Tu soneto es absolutamente delicioso, y es un portento que esos labios tuyos, rojos como pétalos de rosa, hayan sido hechos tanto para la música o el canto, como para la locura de los besos. Tu alma delgada y áurea camina entre la pasión y la poesía. Sé que Jacinto, al que Apolo tan locamente amó, fuiste tú en los días griegos.
¿Por qué estás solo en Londres, y cuándo vas a Salisbury? Debes ir allí a refrescar tus manos en el gris crepúsculo de las cosas góticas, y ven aquí cuando quieras. Es un lugar encantador —sólo faltas tú; pero ve primero a Salisbury.
Siempre, con imperecedero amor, tu
Oscar
Esta carta, robada tal vez a Douglas por alguno de sus chulitos, fue utilizada como prueba contra Wilde en uno de los procesos de 1895. Oscar alegó que se trataba de una obra de arte, y dijo que un amigo suyo la había convertido en un soneto francés. Y en efecto, en la revista de Oxford Spirit Lamp en el número correspondiente a mayo de 1893, figura un soneto en francés, anónimo, basado en la carta, y que Wilde dijo ser de su amigo —en aquel entonces— Fierre Louys.
[Marzo de 1893]
El más querido de todos los muchachos,
Tu carta era deliciosa, vino rojo y amarillo para mí; pero estoy descontento y triste. Bosie, no debes hacerme escenas. Me matan, destruyen la hermosura de la vida. No puedo verte, tan griego y grácil, desfigurado de furor. No puedo oírte decir, con los labios torcidos, cosas abominables contra mí. Preferiría [ser chantajeado por todos los chulos de Londres] a verte amargo, injusto, odiando. Necesito verte enseguida. Tú eres lo divino que deseo, y lo encantador y bello; pero no sé cómo hacerlo. ¿Debo ir a Salisbury? Mi cuenta aquí es de 49 £ por semana. Tengo también un nuevo apartamento sobre el Támesis. ¿Por qué no estás aquí, mi querido, mi hermoso muchacho? Temo tener que dejar esto; sin dinero, sin crédito, y con el corazón de plomo. Tuyo,
Oscar
Esta carta fue también leída durante los procesos como prueba contra Wilde. Sin embargo se omitió (no sabemos si por excesivamente cruda u oscura, pues lleva el término argótico renter) la frase que va entre corchetes; pero que el propio Wilde citó textualmente al referirse a esta carta en el De Profundis (pág. 86, en la traducción de José Emilio Pacheco. Muchnik Editores, Barcelona, 1975).
[? 12-15 de abril de 1893]
Queridísimo Muchacho,
¡¡Acabamos de concluir sólo el Acto 2!! No esperes. Encarga, por supuesto, lo que quieras. Almuerzo mañana, 1.30: en el Albemarle. Mañana no iré para nada a los ensayos.
Siempre tuyo:
Oscar
Pequeño billete de excusa (posiblemente por no acudir a una cena) escrito durante los ensayos de la comedia Una mujer sin importancia.
[? Mayo de 1893]
Mi querido Muchacho,
Aún sin carta tuya. Pero espero hallar unas líneas cuando vaya a casa. He almorzado esta tarde con el Príncipe Troubetzkoy y la Sra. Chanler. Él ha hecho un delicioso retrato de ella, y quiere hacer uno hermoso tuyo. Le he hablado de ti. Se va con los Battersea para acabar un retrato de Cyril pero regresará en otoño. Debes en verdad ser pintado, e incluso realizarte una estatua de marfil.
Willard, el actor, almuerza conmigo el jueves para hablar de negocios. Espero tentarle para que me haga algo de «el oro que grifos custodian en la agreste Armenia».
¿Vendrás el miércoles? Si es así, cenas conmigo.
Siempre tuyo,
Oscar
La cita procede de un parlamento de Guido en el Acto II del drama de Wilde La Duquesa de Padua, escrito en París en 1883.
[? Diciembre de 1893]
Mi más querido Muchacho,
Gracias por tu carta. Estoy agobiado por las alas de los buitres acreedores, y deprimido, pero feliz al saber que somos de nuevo amigos, y que nuestro amor ha cruzado la sombra y la noche del desvío y la aflicción y resurge coronado de rosas como antaño. Seamos infinitamente queridos el uno para el otro, como en verdad siempre lo hemos sido.
He oído que Bobbie está en la ciudad ¡derrengado y barbudo! ¿No es espantoso? Todavía no lo he visto, Lesly Thomson se me ha presentado, ansioso en extremo por dedicarme su vida entera. Tree me ha escrito una larga carta apologética. Sus razones son tan razonables que no puedo entenderlas: un cheque es el único argumento que comprendo. Hare vuelve a la ciudad la próxima semana. Voy a hacer un esfuerzo por inducirle a mirar mi nueva comedia como una obra maestra, pero tengo serias dudas. Y ésas son todas las noticias. ¡Qué horribles son las noticias!
Pienso cada día en ti, y soy siempre devotamente tuyo.
Oscar
Bobbie (al que también llamó Robbie), es Robert Ross (1869-1918), uno de los más fieles y continuados amigos de Wilde. Es muy probable que el inicio de su amistad fuera una relación homoerótica.
[Circa 16 de abril de 1894]
Mi más querido Muchacho,
Tu telegrama acaba de llegar; ha sido una alegría recibirlo, pero te echo mucho de menos. El jovial, áureo y encantador muchachito se fue —y yo detesto a todos los demás: son tediosos. Además estoy en los purpúreos valles de la desesperación, y no han caído del cielo monedas de oro para alegrarme. Londres es muy peligroso: los escritores salen de noche y escriben, el rugido de los acreedores al alba es aterrador, y los procuradores llenos de rabia muerden a la gente.
¡Cuánto te envidio a ti, bajo la Torre de Giotto, o sentado en la loggia mirando al verde y dorado dios de Cellini! Debes escribir poemas como flores de manzano.
Ha aparecido el Yellow Book. Es obtuso y detestable, un gran fracaso. Estoy muy contento.
Siempre, con mucho amor, tu
Oscar
Volviendo de Egipto, Alfred Douglas estuvo un mes en Florencia. Wilde acudió a recogerle en mayo. Y allí se encontró —de nuevo— con André Gide, que le escribió a su madre: «¿A quién dirás que encontré aquí? ¡A Oscar Wilde! Está envejecido y feo, pero siempre extraordinario narrador, pienso que un poco como debió de ser Baudelaire, pero quizá menos agudo y más encantador».
[? 20 de abril de 1894]
Mi más querido muchacho,
La vida aquí es prácticamente la misma. Encuentro un depurado placer en ir a afeitarme a Air Street: siempre se pregunta por ti y, como en un soneto, se hacen alusiones a tu dorado y sedoso pelo.
Recibí a un emisario de Mansfield, el actor, esta mañana. Pienso escribir El Cardenal de Aviñón de una vez por todas. Si hallo paz, quisiera hacerlo. Mansfield podría representarlo espléndidamente.
El texto de Max sobre los cosméticos en el Yellow Book es maravilloso: Suficiente estilo para tan gruesa escuela, y todo muy preciosista y pensado: completa y deliciosamente equivocado y fascinante.
Tuve un frenético telegrama, de quien menos supones, ¡de Edward Shelley!, pidiéndome que le viera. Cuando vino, naturalmente tenía problemas de dinero. Como me engañó burdamente, yo, por supuesto, le di dinero y estuve amable con él. Me parece que perdonar a nuestros enemigos es el más morboso y curioso placer; quizás debiera reprimirlo.
Con amor, tuyo siempre.
Oscar
Edward Shelley era un joven empleado de la editorial Mathews and Lane, a quien Wilde pudo conocer a fines de 1891. Después de una relación evidentemente interesada —Shelley, sin empleo, chantajeó o pidió dinero al escritor varias veces—, fue presentado como testigo contra Wilde en los juicios de 1895.
«¡La felicidad, no! ¡Sobre todo nada de felicidad! ¡El placer! Hay que preferir siempre lo más trágico», exclamaba en cierta ocasión Oscar Wilde. Mucho más que un aforismo, la frase contiene toda una declaración de principios, que el propio Wilde llevaría hasta sus últimas consecuencias con admirable literalidad. De hecho, en el suntuoso argumento de su vida, la tragedia tuvo un nombre: Lord Alfred Douglas. Este muchacho de aspecto «jovial, áureo y encantador» fue, ciertamente, el gran amor de Wilde, la viva encarnación de su apetecido ideal, pero también la causa directa del escándalo que le conduciría a los tribunales primero y de allí a la ruina y a la cárcel, de la que Wilde saldría convertido en patética sombra de sí mismo.
Cartas a Lord Alfred Douglas escritas por Oscar Wilde. Traducción de Luis Antonio de Villena. Prólogo y cartas 2, 5, 6, 8, 9 y 10.
Oscar Wilde (1987). Cartas a Lord Alfred Douglas. Tusquets Editores.
Siga con su vida, persista en ella, gire a su alrededor, como hace un perro alrededor del coche de su amo. Haga lo que ame. Conozca bien de qué está hecho, roa sus propios huesos, entiérrelos y desentiérrelos para roerlos de nuevo. No sea demasiado moral. Sería como hacer trampas con uno mismo. Sitúese por encima de los principios morales. No sea simplemente bueno, sea bueno por algo. Todas las fábulas tienen su moraleja, pero a los inocentes lo que les gusta es escuchar la historia.
No permita que nada se interponga entre usted y la luz. Respete a los hombres solo como hermanos. Cuando emprenda viaje a la Ciudad Celestial, no porte carta de recomendación alguna. Cuando llame, pida ver a Dios, y nunca a los sirvientes. En aquello que más le importe, no piense que dispone de compañeros de viaje. Dese cuenta de que está solo en el mundo.
Escribo a salto de mata y sin plan previo. Necesito verle, y confío en hacerlo, y así corregir mis errores. Quizá tenga usted algún oráculo para mí
Este breve análisis investigará las asociaciones conocidas como collegia (también identificadas como clubes, asociaciones, compañías) mencionadas en las cartas (10.33-34) del procónsul romano Plinio al emperador Trajano. Se determinará por qué Trajano estaba en contra de la formación de tal asociación en Ponto-Bitinia, así como situar la naturaleza de los collegia en el relato histórico más amplio. Se concluirá con la discusión sobre la influencia que los grupos políticos pudieron haber tenido en el sistema político del imperio, como también el nivel de libertad política que el vulgo tenía bajo el régimen de Trajano. Pero primero, se deben resumir las cartas de Plinio.
ESTUDIO BÍBLICO: 1 JUAN 1:5-10 | Este es el mensaje
ESTUDIO BÍBLICO: 1 JUAN 1:5-10 | Este es el mensaje
En la sección anterior, la idea que Juan parece sugerir es que, sin la doctrina correcta sobre Cristo es imposible disfrutar del gozo pleno que él vino a traernos. A partir de esto, notamos la primera división natural de la epístola. Así que, ahora entraremos a la segunda sección. Dónde, después de haber puesto énfasis en la persona de Cristo, poco a poco irá enfatizando el mensaje de Cristo.…
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