Pescadores y monteros, ya cumplieron noviciado. ¿De qué les valen sitiales curvos y tarimas del Zen? Con alborgas y báculo de bambú por los mil mundos; durmiendo en el agua, jamando viento, veinte años ya.
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Rocío que se esfuma, aparición desvanecida, fucilazo de un relámpago... otro tanto es el ego.
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Con hielo en la coroza y toda la piel escarchada, en la choza de la musgosa ribera, rango y honras sin cuento. Encanecido, canto en vano poemas vastos como ríos y mares; el arriscado varal de mi caña prende el sol del ocaso.
Ikkyū Sōjun













