Los Rusos Hijos de Puta en el Xirgu/UNTREF: Nos están dando palazos
Los Rusos Hijos de Puta presentaron su segundo disco de larga duración en el Espacio Xirgu/UNTREF y volvieron a dar un golpe sobre la mesa emergente nacional. Siempre haciendo difusa la frontera entre la canción y la performance, entregaron un show muy climático que estuvo guiado por la euforia absoluta y que los mostró en un momento de gran precisión sonora.
Si bien el lanzamiento de Nos Vamos A Morir De Hacer Estrategias De Amor había sucedido algunos meses atrás, Los Rusos Hijos de Puta decidieron avanzar con calma y pusieron como fecha de presentación en Capital Federal el pasado jueves 25 de octubre. El Espacio Xirgu/UNTREF fue una elección perfecta para una noche distinta, que más que nada estaría marcada por la potencia sonora y escénica de la banda y el espíritu autogestivo que siempre ha sido su genuina marca registrada.
Caminando por esa misma línea, la elección de Sentidos Alterados como teloneros fue perfecta: la banda de los hermanos Rocko y Gonzalo Rainoldi es uno de los máximos exponentes de una escena en constante movimiento –y dueña de una diversidad de propuestas gigante– que merece muchísima más atención de la que recibe.
Durante más de media hora, entretuvieron a un gran porcentaje del público total que se acercó a acompañarlos. Rocko volvió a mostrar toda su habilidad en la percusión, liderando todas las canciones con su precisión y su estilo por completo agresivo y aguerrido. Si hay algo que puede definir a este conjunto es la palabra “intensidad”, pues la calma solamente se puede escuchar en los suaves trazos del bajo que se erige como el sostén perfecto de cada una de las canciones.
Lo tribal se combinó a la perfección con el rock más pesado, transitando con mucha elegancia ese camino que une al sonido más tradicional con el alternativo. Otra cuestión que resaltó durante el breve setlist fue el buen uso de los segmentos instrumentales: justos en cuanto a su duración, muy ágiles, directos y voluminosos al mismo tiempo.
Ya sobre el final, las palabras de Rocko fueron muy claras: “Gracias a todos ustedes que están acá, porque es lindo ver gente que apoya. Está todo muy difícil acá. Vamos a hacer un tema que no habla mal del gobierno, sino de la gente que vota al gobierno”, desatando un infierno guiado por el rockabilly y la psicodelia que les permitió cerrar su presentación con las pulsaciones bien altas.
Luego de una breve lectura con el telón cerrado, Julián Desbats, Luludot Viento, Florencia Mazzone y Santiago Mazzanti salieron a escena vestidos como mandaba la ocasión. Siluetas espaciales disparadas desde el teclado y sintetizador iniciaron los fuegos artificiales durante la brumosa y distorsiva “Soy Horrible”, mutando con absoluta sutileza a la mezcla entre western juguetón y punk puro presente en “Nada”. El denominador común entre ambos temas fue la notable capacidad de encandilar y dirigir por parte de una gran frontwoman como La Rusa, redondeando una apertura impecable.
Mientras Julián luchaba contra problemas en el micrófono y la guitarra, la locura se intensificó a puro agite con “Halloween” y “La Federal”, dupla que asentó el clima ochentoso en el recinto y que tuvo a Dani Umpi como invitado haciendo de las suyas enfundado en un enterito dorado. Cuando el micrófono del guitarrista falló definitivamente, la gente terminó la canción a pura euforia y pasión, generando una sonrisa en los músicos y una estruendosa ovación en el lugar. Superando el límite entre la canción y la performance, el cuarteto avanzó –no sin menos complicaciones sonoras– con “Quiero Cortarme” u “Sabor De Lo Nuevo”, creadoras de un desorden sonoro consistente en una pared muy bien construida, con cada ladrillo diferenciado, y un final tan poderoso como repentino.
Para “Capilla Del Monte” hicieron subir a las tablas a Guillermo Beresñak, productor del nuevo disco, complementando una pieza muy oscura, de cadencia pesada y con un espíritu industrial claro. Mientras el público todavía deliraba con el contraste entre ambas voces, la faena continuó con más canciones cortas y concisas: “Fan” se movió por el terreno de los terrores nocturnos (una atmósfera muy bien lograda), “Me Caen Todos Mal Menos Mi Novio” –una excelente reinterpretación del rock californiano de los ’70– trajo un poco de calma y “Nubarrón” cerró el momento más analógico, que no por su espíritu acústico fue ajeno a diversos niveles y tipo de intensidad.
Una hermosa canción de amor moderna como “Perdido En El DF” fue ideal para reforzar la idea de que Los Rusos Hijos de Puta son una banda que no está dispuesta a entregarse a ningún cliché de ningún género. El jeroglífico, en el mejor de los sentidos, que por momentos es el conjunto oriundo de Zárate quedó expuesto cuando sonaron los primeros acordes de la esquizoide “Porquería”, canción sazonada con rock, pop, psicodelia y algo de la escena de Berlín de 1980.
Con una invitada de lujo al comando del cello, “Luna” mostró la cara más experimental de la banda, logrando que un clima más bien lúgubre fuese el preludio perfecto para una intervención chamánica de La Osa y Dani Umpi, no exenta de varios guiños al folklore y una línea conductora eléctrica.
“Fancy” tuvo como sub-comandante a la fenomenal Barbi Recanati, con algo de pop en su columna vertebral y un cuerpo más bien bailable. Un nuevo descanso llegó durante la más groovy “Carmelo”, para volver a detonar todo –con mosh incluído – en ese estallido hardcore llamado “Insistencia” y el metal industrial absoluto que recorre el ADN de “Snowball”.
Ya preparando las naves para el desembarco final, la maquinaria avanzó a toda velocidad pasando a través del punk ochentoso de “Los Pibe”, el carnavalito de “Cascada” y esa cumbia rabiosa y muy pegadiza que es “Parawita”. Sorpresivamente, sin hacer la boludez esa de irse y regresar para los bises, utilizaron los dos ases que les quedaban bajo la manga y se despidieron con las muy alegres y contundentes “Poca Cosa” y “Bien Bien Bien”.
Fechas como la del jueves pasado en el Espacio Xirgu/UNTREF confirman que la escena emergente nacional es mucho más profunda que lo que se puede rascar en la superficie de la olla. Debajo de lo que los grandes medios difunden, hay bandas como Los Rusos Hijos de Puta que siempre se encuentran en ebullición creativa. Más allá de su innegable (y por completo lógico y elogiable) crecimiento comercial y profesional, este cuarteto de amigos nunca ha abandonado ni abandonará la escena que les permitió crecer y convertirse en una de las grandes sensaciones de nuestra música.
Por Rodrigo López Vázquez