clock is ticking
[ 10/11/2019]
El reloj anunciaba media noche, y el cigarro ya consumido en su mayoría volvió a los labios de la escocesa que le dio una nueva calada antes de llevarlo al cenicero para poder botar las cenizas, al tiempo que el humo salía entre sus labios.
Sentía su corazón latir aún más fuerte, y la respiración se le cortaba, sabía que estaba teniendo uno de tantos aquellos episodios en los que su pecho se apretaba y parecía ser que su corazón se había cansado de seguir luchando, pero no era primera vez, le ocurrían de manera recurrente.
Y le asustaban.
La casa estaba en total silencio, solo tenía encendida la luz del velador que era suficiente para iluminar gran parte de la habitación.
Se sentó en la cama, estirando su mano para apagar ya el cigarro en el cenicero, sus movimientos eran lentos y pausados, sin la típica energía que había caracterizado a Jan en su momento.
Suspiró, e inspiró buscando más aire mientras se sentaba en la cama, aquello tan simple había sido tremendo esfuerzo.
Sabía que el fumar no ayudaba, el doctor le había dicho en múltiples ocasiones que debía de dejar el cigarro, y los excesos de su vida, pero claramente no había obedecido, sentía que si iba a morir joven, por lo menos debería de haber probado todo antes de.
Se dejó caer sobre la cama, y con la ayuda de sus piernas logró subir hasta que su cabeza estuviera a la altura de las almohadas, con sus propios pies se sacó las zapatillas y suspiró, aquello parecía haberse llevado gran parte de sus energías.
Estaba cansada, en todo sentido.
Recordaba todos los tratamientos a los que se había sometido desde pequeña y cómo estaba su vida, y no estaba muy segura de si todo había valido la pena.
Sus pensamientos se fueron cuando una presión más grande llegó a su pecho, sin permitirle respirar del todo bien, pensó por un momento que estaba empeorando el ataque pero en un segundo en el que se había ido no notó que Murtagh había sido quien subió al pecho de su dueña, la miró y se acomodó, encontrando que el pecho de la escocesa era el mejor lugar para dormir, aparentemente.
Una sonrisa apareció en sus labios, y estiró una de sus manos para acariciar su cabeza, agradeciendo que no se alejara después de ese cariño si no que se acomodó mejor, como si dentro de todo, Murtagh pudiera ser capaz de identificar ya cuando estos ataques le ocurrían a su dueña, y era su manera de aportar para ayudar a que siguiera ahí con ellos.
La presión en el pecho siguió, pero su corazón parecía de a poco volver a la normalidad, y su respiración se fue calmando, hasta lograr normalizarse, observando cómo Murtagh tenía su mirada indiferente, pero seguro sabiendo que una vez más había sido aquella compañía que su humana había necesitado durante esos segundos.






