No te alejes cuando mi profundidad salga en una conversación cualquiera, cuando mis traumas salgan a flote, cuando mis miedos susurren en mis oídos y me muestre insegura. O cuando la timidez me gane y la torpeza aparezca. Cuando mi sonrisa no sea tan grande o cuando mi sensibilidad me haga llorar. Cuando estoy en esos días en los que me duele todo y no puedo comprenderme ni yo misma. Cuando me atrevo a demostrar mi cariño o mis sentimientos. Cuando broten de mi garganta aquellas carcajadas tan escandalosas, y cuando mis bromas sean tan pasadas de tono. Cuando sea indecisa y me cueste expresar lo que quiero. Cuando no tengas ganas de nada más que hacerme una bolita en la cama. O cuando quiera estar sola para recuperar fuerzas mientras escribo. O cuando me estrese por los problemas y la ansiedad me ataque. Cuando me enoje y hable hasta cansarme. Cuando esté feliz y hable de mil cosas al mismo tiempo, o te cuente todas mis historias. No te alejes cuando veas todas las facetas de mí que tal vez no sean tan atractivas como lo es mi físico. Porque deberás saber que si te encuentras con alguna de estas cosas es porque confío lo suficiente en ti para que las conozcas. Quédate, sé tú quién se queda.














