Renuncia a un mundo repugnante
Al final todo fue tan efímero, todo terminó en mentiras, todo terminó en nada, dejándome flotando sin aire en la galaxia eterna de mis sentimientos donde podía respirar sin problemas y vivir sin querer vivir, como una regla que había sido impuesta, por obligación.
Se me arrebató tanto, perdí tanto, que no me dio tiempo de sufrir ni de llorar, estaba tan acostumbrado a vivir destrozado, roto, aislado, a caminar, correr, nadar y volar entre nubes solitarias pero esta vez aferrado a mi fuerza de voluntad, aferrado a mi vida, que por más triste que fuera era la única que tenía.
Sólo quiero que esta etapa acabe, esta etapa en la que me he quedado estancado desde hace años... sólo tengo ganas de culminar todo, ganas de esforzarme y sacrificar lo poco que me queda para que esto termine. No hay ánimos de amistad, ni de sonrisas, ni de hablar, de nada que no sea finalizar esta mierda.
Mierda. El hedor invade el océano putrefacto de mi desagradable vida, lleno de malas decisiones, errores, fracasos y corazones rotos que a su vez se unen a las mentiras, soledad, las discusiones y lágrimas; ése es mi océano, mi mierda. No tengo tiempo para tenderme en suelo a llorar y preguntar el por qué me sucedió esto, ya no hay tiempo, no queda tiempo, aprendí a nadar en la pestilencia y a correr bajo la tormenta... sólo quiero que todo acabe.
Estar rodeado de gente y sentirse solo. Ya no me gusta estar solo pero tampoco quiero que nadie más me hable, que pretenda entenderme y quererme, que finja interés, estoy cansado de que me ilusionen y me engañen... quiero estar solo pero odio estarlo.
¿Cómo llegué aquí? Cuando mis deseos estaban floreciendo.
¿Cómo regresé aquí? Cuando por fin estaba viviendo.
¿Por qué fui tan débil? Cuando por fin había creído que era fuerte.
El que flota entre muros congelados
tan opaco como el carbón enterrado
que sin darme cuenta había sido arrastrado
olvidado, obligado y quebrado
como un corazón después de haber sido engañado
me ahogaba entre los errores de mi pasado
cuando la armonía de la vida me había traicionado
ni mis lágrimas ni sonrisas habían bastado
para poder ser quien siempre había soñado
y entre la agonía a mi felicidad había renunciado.