Una sonrisa y una estadía.
tengo el corazón acelerado,
Tengo la juventud huyendo de mi cuerpo
y la energía de los diecisiete,
y yo a usted le debo un “te quiero”.
como un árbol que envejece
Recuerdo la tarde de octubre,
cuando empezaba la era de otoño,
donde florecen los girasoles y
las noches son más largas.
Cuando las hojas de los robles se adaptan
comprendía la calidez de un lugar,
Yo soy aquel que pasa por el ayer
y recuerda al chico enamorado
sosteniendo el sudor en las manos
sin saber que tono utilizar para expresarse.
Yo supe del dolor desde temprano
para reír y decir te quiero
y era divertido porque todo se reducía a un juego
no conocía su hora ni su tiempo
hasta después que conocí de ti,
me gustabas, me enamoraste
y lo supe desde aquella tarde,
con tus mejillas sonrojadas
que tanto mencionas por correo,
por el frío y por los nervios.
Nervios, que también causas en mi sistema
por las palabras que esencian tu mente y tu boca.
Nervios que emergen cuando
mando esta carta a tus manos,
deseando que al terminar la estreches contra tu pecho
porque de esa manera sabré
que mi amor dejó tu corazón abierto
sin importar la distancia
Royine; Una sonrisa y una estadía.